Xumek - Asociación para la promoción y protección de los Derechos Humanos

11 de octubre: “Último día de libertad y soberanía”

Un día como hoy pero del año 1492, nuestra Abya Yala (tierra en florecimiento) como denominaba al continente americano el pueblo Kuna de las actuales Panamá y Colombia, vivía lo que tiempo después podríamos denominar como su último día de libertad y soberanía de los habitantes de nuestra Pachamama. Aquel 12 de octubre da inicio a uno de los procesos históricos más cruento, trágico y sangriento para nuestra América Indígena; pero así también comienza un largo, complejo y emblemático camino de lucha y resistencia de los Pueblos Indígenas.

Hace exactamente 524 años, grandes barcos provenientes de España invadían nuestra Pachamama (Madre Tierra). Arribaron a la isla que hoy comparten Haití y República Dominicana, y a la que bautizaron como “Española” (su nombre originario era “Bohío”). Con ellos inició el proceso de exterminio y colonización de América, que le costó la vida a unos 80 millones de indígenas y el saqueo de sus riquezas.

Un 12 de octubre de 1492, llegaban a nuestras tierras casualmente (¿casualmente?), un científico patrocinado por la corona española para encontrar nuevas tierras, acompañado de un séquito de personas, las cuales justamente no eran en su mayoría científicos ni investigadores, sino, muy por el contrario, eran lo peor de la sociedad española: ladrones, estafadores, asesinos; sumado a ello, un contexto histórico de la “Madre Patria” en el que la pobreza, la miseria, el hambre, abundaba. Como bien relata el historiador Felipe Pigna en su libro Los mitos de la historia argentina 1, “el contacto de Europa con estas tierras constituirá un enorme cambio para la forma de vida de europeos y americanos (…) fue un notable descubrimiento para los europeos, una inagotable fuente de recursos económicos y poder político.”

Al llegar a suelo americano, se encontraron con playas paradisíacas, llenas de colores, de mucho verde y aguas cristalinas; pero también se encontraron con ciertos personajes, desnudos y semidesnudos, llenos de oro y plata en sus cuerpos. Personas a las que ellos denominarán en sus escritos de la época como “salvajes”, y que además describirán como pacíficas y muy fáciles de dominar. Allí y bajo estas condiciones se produce lo que por años quisieron hacernos creer como “el encuentro de dos culturas”.

Cabe resaltar y seguir defendiendo firmemente que no dio ningún encuentro ni ningún choque de culturas, existió un sometimiento de una supuesta civilización sobre otra. Sometimiento y exterminio de los desesperados por rapiñar el oro y la plata con la que se encontraban a cada paso, a nuestros hermanos y hermanas que no entendían por qué hombres y mujeres, niños y ancianos, todos y sin importar absolutamente nada, eran maltratados, torturados, violados, asesinados. No importó si quiera un poco, respetar y conocer la sabiduría y esplendor desarrollados por nuestras grandes civilizaciones ancestrales.

Ya en tiempos actuales y gracias a la lucha constante y permanente de nuestros Pueblos Indígenas, la voz del indio se ha vuelto a escuchar y respetar, aunque no siempre es bien recibida. Hoy ya no se puede ocultar esta realidad y, mucho menos, seguir sosteniendo falsedades. Los Pueblos Indígenas han resurgido vivamente con la fiel convicción de trabajar y defender los derechos que les son propios, como legítimos pobladores de estas tierras, como la pieza fundamental para la conformación de nuestra verdadera identidad.

Para reflexionar

Habiendo pasado ya más de 500 años del “descubrimiento de América” me pregunto: hasta qué punto existe tanta diferencia entre lo que pasó hace 524 años atrás y hoy.

En 1492 llegaron con sus carabelas, con sus armas, con la cruz y la espada en cada mano, a someter, a robar, a apropiarse de todo lo nuestro, sin respetar absolutamente nada. Hoy, bajo un contexto histórico distinto, las megaminerías, las grandes corporaciones, las petroleras, la influencia de las empresas transnacionales que logran ponerse incluso por encima de los Estados soberanos, llámese Monsanto, Barrick Gold, entre otras tantas, ¿son tan diferentes a esas carabelas?

Siempre nos han recalcado que la historia la estudiamos para conocer nuestro pasado y, sobre todo, para no cometer los mismos errores. En este sentido, entiendo necesario reflexionar y analizar cómo nos encontramos hoy. Creo fervientemente que éstos son tiempos de diálogo, de análisis, debates y discusiones; tiempo de hermanarnos en el respeto quienes somos los antiguos hijos de estas tierras y quienes son hoy sus nuevos hijos, para así juntos poner freno a este nuevo y siniestro invasor que ahora viene con instrumentos más sofisticados y más sutiles a apropiarse, devastar y destruir tanto nuestras riquezas patrimoniales como culturales, envolviéndonos en una gran telaraña de desconcierto, desigualdad y miseria: la famosa “globalización”.

Hoy nos vemos inmersos en un sistema capitalista rigente y arrasador, que nos marca como forma de vida el individualismo, que nos invade con nuevas formas de colonización. Un sistema que se contrapone completamente a la cosmovisión indígena la cual se nutre de una concepción filosófica comunitaria o colectiva, basada en el bienestar social igualitario; una concepción científica indígena que define al hombre como parte integrante del cosmos y como factor de equilibrio entre la naturaleza y el universo, ya que de ello depende el desarrollo de su vida creadora en la tierra; una convivencia armónica con la madre naturaleza, ya que se considera parte y no por encima de ella. Por ello mismo, invito a que reflexionemos y luchemos juntos sobre lo que nos acontece, a que no abandonemos nuestra casa, nuestra Pachamama, a que la cuidemos y defendamos juntos.

El colonialismo visible te mutila sin disimulo: te prohíbe decir, te prohíbe hacer, te prohíbe ser. El colonialismo invisible, en cambio, te convence de que la servidumbre es tu destino y la impotencia tu naturaleza: te convence de que no se puede decir, no se puede hacer, no se puede ser”, palabras del gran Eduardo Galeano, un extracto de su libro El libro de los abrazos.

 

Ñushpi MayhuayResponsable del Área Pueblos Indígenas y Migrantes

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