Cárceles de Mendoza: Comisión Interamericana dictó medidas cautelares

El pasado jueves 14 de Mayo de 2015, mediante la Resolución 17/15, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dictó una serie de medidas cautelares en las que exhorta a la Argentina a adoptar medidas urgentes para proteger y garantizar los derechos de quienes se encuentran privados de su libertad en los complejos penitenciarios Almafuerte y San Felipe.

El 1 de Enero de 2014, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos recibió una solicitud de medidas cautelares presentadas por el Dr. Carlos Varela Álvarez, solicitando que la Comisión requiera a la República Argentina proteja la vida e integridad de las personas privadas de libertad en los centros penitenciarios de la Provincia de Mendoza, en especial los complejos Alamafuerte, San Felipe y Boulogne Sur Mer. De acuerdo a la solicitud, los propuestos beneficiarios se encontrarían en una situación de riesgo, en vista de los alegados hechos de violencia recurrentes dentro de dichos complejos, la falta de atención médica adecuada, presunto hacinamiento y la falta de condiciones de salubridad adecuadas, entre otras alegaciones.

Tras analizar las alegaciones de hecho y de derecho presentadas por las partes, la Comisión considera que la información presentada demuestra prima facie que las personas privadas de libertad en los complejos penitenciarios Almafuerte y San Felipe, se encuentran en una situación de gravedad y urgencia, toda vez que sus vidas e integridad personal estarían amenazadas y en riesgo. En consecuencia, de acuerdo con el artículo 25 del Reglamento de la CIDH, la Comisión solicita a la Argentina que:

1) Adopte las medidas necesarias para garantizar la vida y la integridad personal de todas las personas presentes en los complejos penitenciarios Almafuerte y San Felipe.

2) Fortalecer el equipo de guardias y ofrecer capacitaciones constantes a las personas que trabajen en los complejos penitenciarios de Almafuerte y San Felipe

3) Provea condiciones de higiene en los centros penitenciarios y proporcione los tratamientos médicos adecuados para las personas privadas de libertad, de acuerdo a las patologías que éstos presenten.

4) Implemente un plan de emergencia y hacer disponibles extinguidores de incendio y otras herramientas necesarias

5) Tome acciones para reducir el hacinamiento al interior de los complejos penitenciarios Almafuerte y San Felipe

6) Informe sobre las acciones adoptadas a fin de investigar los presuntos hechos que dieron lugar a la adopción de la presente medida cautelar y así evitar su repetición.

Resulta importante resaltar, que tanto el gobierno provincial como nacional deben trabajar en forma comprometida al respecto y deben llevar a cabo políticas públicas serias. Debe cumplirse con lo establecido por la Comisión ya que de otra manera, el caso llegará a la Corte Interamericana de Derechos Humanos y se dará inicio nuevamente a otro juicio internacional.

Documentación anexa – Resolución 17/15 Medida Cautelar Nº 35-14: MC-35-14+RESOLUCION

Juicio de Lesa Humanidad en San Rafael: crónica cuarta semana

El día jueves 23, única jornada de audiencias de esta semana, tuvo como protagonistas a diez testigos que contaron sus experiencias, algunos como víctimas directas, otros como familiares, y otros como vecinos, amigos o simples espectadores ocasionales de algún hecho aberrante que marcó para siempre la vida de otra persona.

Víctimas

Si bien en esta oportunidad pudieron expresar sus vivencias sólo dos ex detenidos políticos, aun así, más allá de los matices que rodearon a cada una de las experiencias, se hace imposible no notar patrones similares en ellas.

Los relatos acerca de las condiciones de encierro, golpes, trato inhumano llevados adelante por los que, tal como describió uno de ellos, “se creían los dueños de las vidas de las personas”, se repiten una y otra vez, coincidiendo en la saña con que actuaban las fuerzas de seguridad. Sin dudas que la metodología para torturar estaba bien aprendida.

Vecinos, amigos, testigos

Entre víctimas y familias pasaron testigos presenciales de violentos operativos que tuvieron como resultado detenciones sin explicación alguna de jóvenes, hoy devenidas en desapariciones forzadas de los mismos.

Según contaron los que tuvieron ese triste privilegio de ver por última vez en libertad a Omar Ozam, Aldo Soto, Ricardo Ríos y a Marta Guerrero, personal de civil en un caso y uniformado en los otros tres, sin reparo alguno ingresaron al lugar de trabajo y domicilios particulares respectivamente y sin preguntar demasiado en cuestión de minutos los redujeron, golpearon y secuestraron, dejando inertes a quienes estaban en ese momento ahí con ellos. En esto tampoco parece haber habido improvisación.

Familias

Sin ánimo de hacer un juicio de valor al respecto, en este grupo pudieron advertirse actitudes muy disimiles entre sí, que denotan un contraste notable a la hora de reaccionar frente a situaciones límites.

Aquellas disparidades podrían justificarse si se analizan dentro del contexto en que se dieron. Sin dudas escenarios como los vividos ponen a prueba los instintos y por una cuestión de supervivencia una persona tranquilamente puede anteponer su seguridad, aun ante la de un ser querido.

Por eso, si bien no correspondería pre juzgar a la distancia comentarios como el siguiente y sin conocer en detalle sus razones:

– “No pregunte si había una orden de allanamiento por el juez. No daban las circunstancias para cuestionar. Me limité a resignarme al procedimiento. No me detuve a hacer defensas. No actúe como abogado. Sabía pero no era una cosa corriente”.

– “Se lo llevan, imagino alrededor de las 6 de la tarde. Hacen una especie de requisa en su domicilio en presencia de su esposa, entiendo, yo no ingrese”.

– “En tribunales por ahí lo veíamos, pero no teníamos la seguridad de donde podía estar (…) Íbamos con cierto grado de seguimiento. Cuando estuvo acá ningún problema. Yo lo pude ver por mi condición de abogado, lo podía ver en el patio de bomberos, pero no tenia trato directo. (…) La calidad de abogado me permitía acceder a la departamental. Pero no tuve la oportunidad de verlo”.

Si entendemos que es muy válido destacar al que pudo superar esos miedos internos y sin siquiera pensarlo, ponerse en peligro para socorrer a un miembro de su familia.

Tal como en otra oportunidad resaltamos el valor demostrado por las mujeres en general, esta vez le toca a un hombre, que siendo hijo, hermano y cuñado de víctimas  hizo todo lo que estuvo a su alcance para ayudarlos, aun cuando ello implicara sufrir en carne propia no pocos hechos de violencia. Todo ello se aprecia claramente en varios fragmentos de su declaración:

– “Con respecto a la detención de mis padres (…) vi muchos policías, me pare y pregunte qué pasaba. Dije que era el hijo y comenzaron a pegarme una golpiza muy grande no sé por qué. Incluso los vecinos decían que no me pegaran (…) Fue una paliza muy grande, sin esperarla recibí un golpe en la cara y me hice un bollo en el piso. Siempre me pregunto si estando solos se hubiesen atrevido, ¡no! Porque eran unos cobardes que pegaban de a muchos. Patadas y puños, creo que con una culata de un fusil, que todavía me duele”.

– “A mi madre la dejaron en domiciliaria bajo mi cargo. Y a mi papa se lo llevaron. (…) Yo tenía mi señora en mi casa, embarazada. Un sargento apuntándome me acompaño a mi casa y la fui a buscar para ir a lo de mi madre”.

– “Ahí empecé a llevarle todos los días las comidas. Y a (…) también porque la familia no se atrevía”.

– “A mi hermana se la llevan al otro día de llegar de Malargue. Me llamo mi mama desesperada. A mi hermana, cuñado y al nenito que tenían. Le habían dicho que buscara a mi sobrino a la 8º. (…) Fui a retirar a mi sobrino. Recibí otros mamporros. Me lo entregaron y lo deje en lo de mis padres. (…) Me lo entregaron ahí, y tuve que ir al correo, que arriba había una dependencia, me golpearon ahí”.

– “A mi hermana y cuñado los trasladaron a la departamental. Ese día o el otro. Entonces tenía que llevar la comida para los 3”.

– “Durante un tiempo teníamos que ir a las 11 de la mañana a la municipalidad (…) nos golpeaban, tortura psicológica, nos decían que iban a matar a mi familia. (…) Cada vez que íbamos nos golpeaban y nos torturaban psicológicamente. (…) Nos tenían una hora y nos largaban. Me decían ‘no sé qué vamos a hacer con su papa, si lo matamos acá o en Buenos Aires’. (…) Siempre lo mismo: ‘a su hermana la vamos a violar, a su papa lo vamos a matar o mandar a matar’. Un día me sacó afuera, me pasó la mano por arriba del hombro y me dijo ‘no sea sonso, díganos donde está (…), esta toda su familia en riesgo’, y yo le dije si supiera capaz le digo. Capaz”.

– “Un día me llama uno de los médicos de la policía, (…) Me dijo que mi padre estaba tirado en el piso y no sabían qué hacer. Pude entrar a verlo a mi padre, revisarlo ahí tirado. Vi a los que estaban detenidos en la celda de mi padre, pero no podía hablar. Y vi alguno de los que están desaparecidos. (…) La segunda vez que me hacen entrar, al mes, mes y medio. (…)”

– “A los 4, 5 meses nos llaman para decir que mi padre estaba internado. Los médicos de la policía (…) No dejaban pasar a la familia. Habían 3 policías que se portaron bien, incluso me dijeron pasado una semana de estar en la cama, muy golpeado. (…) Después de una golpiza, con la cabeza tapada, boca abajo y colgado de los pies. (…) El estado de salud de su padre no era bueno. Estaba deshidratado, muy golpeado, con un aumento muy importante de la frecuencia cardiaca. Arritmia que le quedó toda la vida. Estado general deplorable”.

– “En un momento llega un coronel que estaba a cargo de la UOCRA en Buenos Aires. Y me dice que tenía la denuncia de que yo y dos doctores más eran terroristas. Me dice les doy un tiempo perentorio, hasta las 4 de la tarde, eso era las 4 de la mañana para que vaya al side, en cuadro nacional. (…) Voy allá, acompañado de mi señora, estacione a 200 metros (…) Esta gente se creían dueños de la gente. Una impotencia muy grande. Cada vez que podían me pegaban. Ven mi foja, no tenía nada”.

– “Me dicen que me podía retirar y me dan recomendaciones como si fuera un niño: no se meta en política y no le dé certificados a los obreros”.

– “La situación con el coronel fue cuando ya estaba liberada mi hermana. Mi padre no. Seguía en el  hospital. Llego un momento en que uno hace locuras. (…) Y un día me fui con el auto en el hospital, les dije que estaba dado de alta y me lo lleve a mi casa. A los 5 minutos llego una cantidad muy grande de policías. Me llevaron de una oreja (…) y me dijeron que era un loco. Asique decidieron dejarlo preso domiciliario. En la impotencia y no saber qué hacer uno hace locuras”.

– “Cuando mi hermana estaba detenida, la familia de mi señora que era muy allegada a la iglesia, me dicen vamos a hablar con el obispo. Fui a pedir por mi hermana, y me dijeron (…) ‘si estaba detenida es por algo’”.

– “A mi hermana la trasladaron a la cárcel de encausados. Fui y hable con el director de la cárcel, (…), y me dijo ‘no me comprometa’. Fui a hablar con el médico de la policía para ver el estado de embarazo, (…) y me contesto que a él no le importaba que fuera familiar de médico y no me dijo como estaba”.

– “A mi hermana la busque a las 4 de la tarde. No sé quien me llamo”.

– “Cuando liberaron a mi cuñado a la noche, en la bodega que hoy es pico de oro. (…) fui a las 10 de la noche, estaba terminando su interrogatorio. Yo entre, me presente y dije vengo a buscarlo y me senté. Estaba,…, muy nervioso, asustado, le dije ‘no te muevas de acá, no des un paso afuera’. Ya sabíamos que en esa época te daban la libertad y te chupaban. (…) Lo agarre a mi cuñado, y a flores del brazo. Los subí al auto, yo en ese momento tenía un  auto muy rápido. Como me seguían dos patrulleros acelere al mango. Di una vuelta larga hasta que los perdí. Flores me grito y se tiro en unos matorrales”.

– “Mi hermana era maestra en la escuela (…) Esa fue su militancia. Toda mi familia hemos sido peronistas. Y siempre hemos militado, pero que se entienda bien, militado como corresponde”.

Por último, esta misma persona expreso lo siguiente:

– “Las convicciones y las ideas no se matan. (…) En mi casa nunca hubo un arma, nunca jamás. Los detuvieron por lo mismo que a muchos, porque esas personas que tenían que ganarse el sueldo denunciaban a cualquiera. No tenían respeto por la vida y la dignidad humana. (…) Más allá de la angustia, el terror, tomar tranquilizantes durante 3 años, es lo normal que ocurre en estas cosas. Nunca pedí un resarcimiento, pienso que lo tenían que tener los que eran más humildes que yo, que estuvieron detenidos”.

Dentro de tanta desgracia y sufrimiento, escuchar esto último es muy reconfortante y alentador.

De hecho, calo tan hondo en la sociedad tanta crudeza por parte de quienes en ese momento eran las autoridades civiles y religiosas, que, según comento luego, muchos años después otro miembro de la misma institución religiosa que había rechazado a su familia invadido por una vergüenza tan ajena como propia, entre lágrimas y casi en secreto, lo abrazo y le pidió disculpas por todo lo que había tenido que pasar el y su familia.

Por eso si bien las peores miserias humanas no se olvidan, siguen ahí, avergonzando a los que las cometieron y lastimando a los que las sufrieron, aun así quedan muy disminuidas al lado de actitudes y pensamientos como los de esta persona.

El jueves 7 de mayo, día en que continua el juicio, esperamos seguir escuchando este tipo de relatos donde dentro de tanto daño y dolor se puedan rescatar valores más humanos.