22 de julio: Día Internacional del Trabajo Doméstico

El 22 de Julio se declaró como día internacional a esta práctica, que históricamente ha estado relegada sobre los hombros de las mujeres. Ellas realizan “la triple jornada laboral”. Las trabajadoras domésticas ocupan un rol importante en la provisión de servicios de cuidado pero constituye una de las ocupaciones con mayores niveles de precariedad y desprotección laboral.

El 22 de julio se declaró el Día Internacional del Trabajo Doméstico, en el Segundo Encuentro Feminista Latinoamericano del Caribe, organizado en Lima, Perú, en 1983. Con el objetivo de reconocer el trabajo no remunerado que realizan las mujeres, ya que históricamente es una práctica que recae en ellas.

Las mujeres realizan doble trabajo doméstico, uno de ellos es remunerado ya que lo practican en las casas de sus empleadores, en cambio el otro lo realizan en sus propias casas, el cual no es remunerado. Como afirma la especialista colombiana en inclusión y equidad de género, María Adelaida Perdomo, en la mayoría de los casos, el trabajo no remunerado se suma al trabajo remunerado, lo que se conoce como ‘la triple jornada laboral’. “Las mujeres incursionan en el ámbito laboral pero no renuncian a la responsabilidades de la casa. Hoy en día la mujer tiene tres jornadas laborales: la remunerada, las labores del hogar y el cuidado de las personas que conviven con ella” afirma Perdomo.

La revista latinoamericana de ciencias sociales Nueva Sociedad realizó un abordaje exploratorio desde la perspectiva de empleadas y empleadoras en Argentina. En el mismo, se expresa, que las trabajadoras domésticas ocupan un rol importante en la provisión de servicios de cuidado. En el contexto de un sistema público que satisface estas necesidades en forma parcial y fragmentada, muchos hogares dependen –en mayor o menor medida– de los servicios que proveen estas trabajadoras para disponer del tiempo necesario para participar en el mercado laboral, de las actividades recreativas, del ocio, entre otras.

Sin embargo, la contribución de estas trabajadoras está lejos de ser reconocida y se realiza a expensas de postergar sus propias necesidades. Asimismo, el trabajo doméstico constituye una de las ocupaciones con mayores niveles de precariedad y desprotección laboral, tanto en Argentina como en América Latina, afirmó Nueva Sociedad.

El trabajo doméstico desde hace tiempo es un tema en la agenda feminista, y se ha sumado en los últimos años en el debate público. Lo que generó una serie de políticas destinadas a mejorar las condiciones laborales de este sector ocupacional.

Estas políticas, según Nueva Sociedad, se remontan al año 1999, donde se implementó un Régimen de Simplificación Registral. El cual consistía en incluir a las trabajadoras de menor dedicación horaria en el sistema de protección social, específicamente en el sistema jubilatorio y de cobertura de la salud mediante obra social, a través de aportes parciales de sus empleadores. Por otro lado, en el 2005 se promulgó la ley 26.063, que constituyó un incentivo fiscal a la registración, ya que permite a lxs empleadores que pagan impuesto a las ganancias deducir, hasta cierto monto, los aportes patronales y el salario de sus empleadas domésticas. En tanto, en marzo del 2013, se sancionó la Ley de Régimen Especial de Contrato de Trabajo para el Personal de Casas Particulares. Esta normativa reemplaza a la precaria legislación precedente –un decreto del año 1956 que establecía derechos muy acotados para estas trabajadoras– y busca equiparar las condiciones de trabajo del sector con las del resto de los asalariados amparados bajo la Ley de Contrato de Trabajo.

Entre los avances más relevantes del nuevo marco legal, se encuentra la cobertura del conjunto de las trabajadoras independientemente de su dedicación horaria -el estatuto anterior dejaba fuera de la normativa a cerca de 40% de estas trabajadoras por no alcanzar el umbral mínimo de las 16 horas semanales para un mismo empleador-; también incorpora la licencia por maternidad, antes no contemplada; así como el compromiso de conformación de una comisión negociadora de salarios y condiciones laborales del sector. Hasta el momento, estos vienen siendo dictaminados unilateralmente por el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, destacó Nueva Sociedad.

El servicio doméstico, por su peso en la estructura ocupacional y por el rol fundamental que cumple en términos de sostener la organización social del cuidado, según la revista de ciencias sociales, requiere de una decidida intervención gubernamental en pos de mejorar sus precarias condiciones de trabajo.

Por otro lado, en lo que respecta al trabajo doméstico no remunerado, a mediados de mayo el gobierno había decidido cerrar de manera definitiva la moratoria de jubilación –conocida como jubilación de amas de casa–, sin embargo se anunció que la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) postergará la fecha de culminación del beneficio por tres años. La moratoria está destinada a mujeres nacidas a partir de 1955. Se calcula que una mujer que comenzó a trabajar en 1977 y en 2003 aún no completaba sus aportes debía acreditar al menos cuatro años de aportes efectivos -esto es resultado de que entre 1977 y 2003 pasaron veintiséis años y para jubilarse se requieren treinta de aporte, de ahí los cuatro años restantes-. Con la nueva postergación, pero sin correr el corte en 2003, alguien que empezó a trabajar en 1980 y cumpla sesenta años en 2022 tendrá que acreditar siete años de aportes.

Sin embargo, especialistas en el tema aseguran que prorrogar el programa sin actualizar esa fecha de corte para “comprar” años es una trampa que impide el acceso a ese derecho. Dado que el contribuyente tiene que hacer aportes voluntarios desde esa fecha hasta el momento de jubilarse, se afirmó en página 12.

Para concluir, cabría preguntarse ¿por qué el trabajo doméstico históricamente ha caído sobre los hombros de las mujeres? ¿por qué se consideró una actividad dentro de la esfera privada, y de cuidado de niñxs y varones? ¿Por que no es reconocida completamente como una práctica productiva? Desde el área de Género y Diversidad Sexual de Xumek, nos preguntamos y analizamos estas prácticas que recaen sobre espaldas de mujeres y, asimismo, abogamos por políticas públicas que tengan verdadera incidencia en la práctica social para que esta actividad deje de estar dentro de las ocupaciones con mayores niveles de precariedad y desprotección laboral.

Foto: lr21.com.uy