Xumek - Asociación para la promoción y protección de los Derechos Humanos

ARTÍCULO: La licencia de la conciencia sucia

En el marco de la guerra declarada contra cualquier vestigio de independencia judicial en la Provincia de Mendoza, los titulares de los diarios reproducen declaraciones, pedidos de informes y denuncias, escandalizados por la licencia sin goce de sueldo solicitada por Omar Palermo, con fines académicos y autorizada conforme a la ley para cursar un pos doctorado en una prestigiosa institución de Alemania.

Omar Palermo es un miembro de la Suprema Corte de la Justicia de Mendoza. Jurista reconocido, docente e investigador, su desempeño como Fiscal General en la Justicia Federal permitió la imputación, procesamiento y posterior condena de un poderoso sector de la justicia mendocina involucrado en el terrorismo de estado. Cuando fue propuesto por el Gobernador Pérez como integrante de la Suprema Corte de Justicia, su pliego fue aprobado por unanimidad en el Senado Provincial.

El gobierno de Cambiemos lo identificó inmediatamente como el principal enemigo, acusándolo de defender los derechos humanos y de pertenecer a Justicia Legítima en el marco de la guerra declarada contra la vigencia de las garantías constitucionales.

Pero a mí me gustaría contarles de otra licencia que muestra la doble moral de los autoritarios que suelen tener veredas brillantes mientras la mugre se esconde prolijamente. Una versión menduca de las paredes limpias y conciencias sucias del mayo francés.

José Valerio fue designado como miembro de la Corte por Cornejo. Fue premiado con un cargo como Juez cuando se le terminó el mandato como diputado del radicalismo. Su desempeño fue oscuro, se negó a aplicar la figura de femicidio en el caso del homicidio de Fernanda Toledo; absolvió al homicida de Alejo Hunau con argumentos homofóbicos. Su designación provocó una enorme movilización de la sociedad civil, recogió más impugnaciones que cualquier otro juez en toda la historia de Mendoza. Mano dura para los nadies, impunidad para los poderosos. En la Corte desempeña el triste cargo de comisario político y operador del gobierno autoritario.

Pues bien, Valerio tiene una licencia que sí vale la pena recordar y quedará en la memoria de este pueblo. Porque acá en Mendoza también tenemos memoria. Valerio simuló una enfermedad y pidió una licencia para lograr la impunidad en un caso de violencia institucional. La indigna conducta se desplegó mientras se desarrollaba el juicio por la muerte de Lucas Carrasco, asesinado por un disparo policial tras un partido de fútbol. Ese mismo día, horas más tarde, se presentó a trabajar en la Universidad. Allí no hacía falta faltar. Su falsa enfermedad trajo aparejada la nulidad del juicio y la impunidad de su responsable.

Esto fue demasiado dolor para su madre, Viviana Espina, quien protagonizaba una valiente lucha en contra de la violencia institucional en la Provincia. Viviana era además una militante histórica del radicalismo provincial, se desempeñaba como Congresal Provincial de la Unión Cívica Radical cuando su vida terminó, cansada de tanta impunidad y de la traición de sus propios correligionarios, alejados sin vergüenza de cualquier principio de la república que supimos perder los mendocinos.

 

Alfredo Guevara

Miembro de Asoc. Xumek

 

Foto: Archivo “La Prensa”

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