Xumek - Asociación para la promoción y protección de los Derechos Humanos

COMUNICADO: El uso de armas letales por parte de las Fuerzas de Seguridad (Caso Chocobar)

COMUNICADO: El uso de armas letales por parte de las Fuerzas de Seguridad.

El caso públicamente conocido como “Chocobar” parece reeditar la polémica en torno al uso de armas letales por parte de las fuerzas de seguridad, y las estrategias políticas y comunicacionales del Estado para resolver los inevitables conflictos que genera la inseguridad.

Las máximas autoridades estatales decidieron avalar el homicidio, al mismo tiempo que el juez que entiende en la causa consideraba que había existido un exceso en la legítima defensa, que no le permite al agente justificar la forma en la que había actuado.

Situaciones como estas nos impulsan a reiterar que nuestra Asociación mantiene sobre el tema una postura coincidente a la siempre sostenida en materia penal en general y policial en particular. La persona que comete un delito o incumple una norma de cualquier índole, corresponde sea sometida a un proceso donde se respeten todas las garantías y recién en caso de probarse su responsabilidad, le sea aplicada la sanción que legalmente correspondiese. La pena de muerte no es una opción constitucional ni convencionalmente válida.

Apreciación que resulta válida para todas las personas, tanto con el objeto de sancionarlas como cuando existan intensiones de no hacerlo. Incluidas las que integran las fuerzas de seguridad.

Conductas como la del agente que en un episodio confuso dio muerte a una persona que presuntamente había cometido un delito, son graves. La sociedad necesita que sean abordadas con respeto y seriedad. Consecuentemente, advertimos que resulta sumamente irresponsable celebrarlas y avalarlas. Pero más reprochable resulta aun si esa celebración viene de parte de autoridades que al momento de hacerlo no tenían certeza respecto a cómo efectivamente sucedieron los hechos, y sólo basaron su opinión en presunciones subjetivas carentes de fundamentos.

Objetivamente existen normas que regulan el accionar policial y deben respetarse. En general los principios de actuación que debería cumplir la policía indican que

Lo lamentablemente ocurrido en el barrio de la Boca meses atrás no encuadra siquiera en una excepción a estas reglas.

Por ello insistimos en que por más que les genere una inexplicable satisfacción interna no es posible que la muerte violenta de una persona sea celebrada públicamente por parte de las autoridades estatales, máxime sin antes revisar profundamente las circunstancias en que sucedió y su adecuación a las normas que reglamentan hechos de tamaña magnitud. Ninguna norma permite a las fuerzas de seguridad cometer homicidios, por más reprobable que sea la conducta de la persona que lo sufra. Y por situaciones como estas, está bien que no lo hagan.

 

Gonzalo Evangelista

Área de Violencia Policial y Seguridad Ciudadana – Xumek

 

 

OPINIÓN: “La Celebración de la Violencia”

En estos días se reavivó una discusión que viene marcando la agenda de la sociedad argentina durante los últimos años y que el actual gobierno argentino utiliza como placebo ante un deterioro de la realidad económica, social y política que vivimos día a día, y es la seguridad.

Nos referimos al caso del policía que recientemente mató a un “delincuente” que había robado y acuchillado a un turista en el barrio de La Boca. El resto de los datos y detalles son fáciles de encontrar en diversos medios.

Contado de esa forma, si bien es un simplificación, cualquier persona de a pié podría entender que el oficial actuó de oficio, ejecutó su deber y abatió un “delincuente” que había herido un turista con un arma blanca.

Al parecer, las cosas no son como nos las cuentan, los hechos y la realidad en su suma complejidad no revisten a un análisis tan llano. Es por ello que durante más de doscientos años nuestro país se ha ido formando institucionalmente: el Estado Argentino tomó diversos  modelos para configurarse a sí mismo. Con el paso de los años, y este no es el lugar para hacer ese raconto, con aciertos y errores, y con excepción de los periodos anticonstitucionales, la Argentina se entiende a sí misma como una República Democrática.  La esencia de este binomio es que posee una estructura de poder tripartita y un sistema de elección de sus representantes democrático.

Ahora bien, volviendo a nuestro caso, como dijimos las cuestiones no siempre son lo que parecen. Uno de los poderes del Estado es el Judicial, el cual se encarga precisamente de impartir justicia. Un Juez de este poder del Estado, encontró que el policía que disparó su arma y mató al joven delincuente, era culpable de haberse extralimitado en lo que es conocido como “legítima defensa”, figura legal que encierra varias particularidades. El agente está imputado por esta causa y el Juez trabó un embargo sobre sus bienes.

Académicos, abogado penalistas y otros referentes de la temática cuestionaron al Juez por la interpretación que hizo de esta figura legal, que como dijimos contiene varias particularidades, pero no la de dispararle por la espalda a un delincuente que huye de la escena del crimen, para finalmente ejecutarlo por detrás (según se observa en un video captado por cámaras de seguridad de la misma policía).

Está claro que ante un tema de tal sensibilidad – ninguno de nosotros quiere ser asaltado, ni acuchillado, mucho menos muerto a quemarropa – los medios de comunicación cumpliendo su función han dado rienda suelta a este debate, para resumirlo: “la seguridad ciudadana y el rol de las fuerzas de seguridad”. Sabemos cómo funcionan los debates en la Argentina donde, desde expertos a conductores/as de televisión – sin juzgar a cada quien –, esgrimen sus “opiniones” sobre diversidad de temas, donde mucha veces lo que escasea sean argumentos bien fundados. Las redes sociales hacen también lo suyo, valga la libertad de expresión, donde cada uno dice lo que piensa y muchas veces lo que siente.

La frutilla de la torta es que, seguido de esta secuencia de imágenes, informaciones diversas, opiniones varias. El Presidente de la Nación le tiende la mano a un imputado por “exceso de legítima defensa” –  en breves días se sabrá qué determina la justicia – que podría ser un presunto homicida, afirmando que desearía que hubiera más policías como él.

Esa imagen, ese signo, tan inocente, tiene una carga de tal nivel de violencia comparable con las peores épocas de nuestra historia. Celebrar la muerte, agarrar la mano que empuña un arma asesina, bajo ningún concepto es situación de celebración.

La Fuerzas de Seguridad Interior y la Fuerzas Armadas tiene funciones específicas respecto del legítimo uso de la violencia, son herramientas del Estado que sirven para mantener la paz de la sociedad, están regidas y controladas por un tramado institucional preexistente al antojo de los gobernantes actuantes. Eso es una República. La historia argentina, y no sólo hablo de la última dictadura militar, está marcada por violencia y sangre, de un color y de otro. Iluminados que se hicieron con el poder, con todo el poder, se cargaron miles y miles de vida de argentinos y argentinas. Tenderle la mano a la violencia es un viaje de ida.

Las justificaciones políticas que tiene el Presidente y su Ministra de Seguridad, quien viene marcando el paso y defendiendo a capa y espada los – cada vez más – cuestionados desempeños de las fuerzas de seguridad que de ella dependen, tienen diversas aristas. Buscan atender desde un lugar fútil el problema de la inseguridad, moviendo la atención de otros acuciantes problemas sociales aún sin respuesta, alimentan así ideas cargadas de violencia y sumamente peligrosas.

El gran problema es que, quienes nos hablaron de República y del respeto por las Instituciones, sólo dan señales de vulnerarlas sistemáticamente. Desea cambiar “doctrinas” desde el su lugar en el poder ejecutivo, denuncian jueces contrarios a sus intereses (incluso a quien entiende en esta causa citada), buscan que las Fuerza Armadas tengan injerencia en los asuntos internos – creando un comando de rápido desplegue – desbaratando el sistema que resguarda nuestra democracia tantas veces dañada.

Solíamos escuchar: “vienen por todo”, ¿quiénes son los que vienen por todo?

 

Bernardo G. Pascale

Sec. de Comunicación Prensa y Difusión – Xumek

 

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