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Próvolo: Indicios de una historia de ocultamientos durante décadas

Se halló una carta en la que un miembro de la orden platense le solicitaba a Corradi,  ex Director del Próvolo en Mendoza,  que “tome cartas en el asunto” por las irregularidades y perversiones sexuales de esa institución. El escrito data desde el 2002 y es parte de los elementos secuestrados por el fiscal en el instituto de Luján.

Luego de los allanamientos realizados en el Próvolo de Mendoza por el fiscal Gustavo Stroppiana,  fue almacenada documentación para su posterior  análisis en 12 cajas que fueron cerradas y lacradas para asegurar su custodia por parte de la fiscalía.

A partir del material analizado, se encontró  documentación que incluía un fax impreso en el que había dos comunicados enviados. El primer comunicado fue enviado al Padre General-Vicario General en Italia y otro a Nicola Corradi (81), cuyo remitente pertenece a Julio García, miembro de la orden platense.

En estos comunicados se hace referencia a la situación de perversión y promiscuidad que se vivía puertas adentro del Próvolo de la Ciudad de La Plata.

García acusa a un novicio y ex seminarista de nombre Gerardo Risso por “conductas desviadas”, así como también se refiere a la complicidad de otros sacerdotes para protegerlo y avalar estas acciones. De hecho, en el relato destaca que Gerardo ya había sido rechazado en la orden bonaerense precisamente por esto, al tiempo que pide a Corradi que tome cartas en el asunto dado que un grupo de curas (también de esa sede) lo protegen “a capa y espada” y lo avalan ante una nueva posibilidad de regresar al Próvolo. Adjunta a esta misma una copia de un cántico titulado “El cántico de Gerardo” que posee un alto contenido sexual en su lenguaje, con el cual identifican al ex seminarista en la intimidad de la orden.

En otro de los párrafos, el autor de la carta también hace referencia a algunas irregularidades en la administración de ropa y comida que deberían haberse entregado a los niños que estaban en el albergue de La Plata. Acusa a las monjas (quienes tenían esa tarea) de dejar 578 pulóveres guardados para que “se llenen de polillas” y de “vender la ropa que nos entra en donación por 2 ó 3 pesos”. Resalta que les sirven a los chicos alimentos ya vencidos, aduciendo “es un milagro que ningún niño se haya enfermado”.

En un manuscrito enviado a Nicola Corradi, el autor autoriza a Corradi  a que ponga al tanto de la situación a los otros religiosos que se desempeñaban en Mendoza, entre ellos Horacio Corbacho (otro detenido en nuestra provincia) si lo consideraba necesario.

García expresa que “hablando con los padres de Mendoza (más Precisamente con el Padre Nicolás) y también con padre Albano reconocen que NO ES LA PRIMERA VEZ QUE PASAN ESTA COSAS, YA HUVO (sic) CASOS ANTERIORES”. El cura se pregunta “pero qué pasa Padre General o Padre Vicario?¿porqué (sic) no se tomaron medida para que esto no vuelva a ocurrir?”.  

Corradi en poder de esta información no tomó medidas, ni dio aviso e intervención a la Iglesia para que investigara la situación. El contenido de esta carta se hizo llegar también a la diócesis bonaerense, con los mismos detalles especificados, pero nunca se inició una investigación al respecto.

Las nuevas pruebas encontradas, no hacen más que reafirmar que la congregación y la iglesia estaban al tanto de las perversas situaciones que se daban dentro de las diferentes sedes del Instituto. Se deja entrever una red de ocultamiento y complicidad durante décadas (la carta remite al año 2002).

 

 

Imagen: Archivo Los Andes.

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