Xumek - Asociación para la promoción y protección de los Derechos Humanos

VIOLENCIA INSTITUCIONAL | Que los crímenes por gatillo fácil no queden silenciados

8 de mayo, 2019.

El asesinato de Lucas Carrazco en manos de un efectivo de infantería es un caso que ya cumplió cinco años y transitó un camino amargo. Ahora se encuentra en su fase final. El policía acusado puede ser condenado por homicidio simple con dolo eventual, agravado por el uso de arma de fuego y por ocurrir en un evento deportivo. Este delito tiene penas de 13 a 42 años.

El padre de Lucas, Daniel Carrazco, es querellante de la causa desde el 2017. Un hombre tranquilo que no se puede dejar vencer. Aunque tenga que hacer el camino de hormiga va a estar presente, con cara de piedra. No va a parar hasta que se haga justicia. En el Día Nacional de la Lucha Contra la Violencia Institucional compartimos su testimonio para mantener viva la memoria, para activarnos como sujetos sociales y pedir que las autoridades no se desentiendan.

Una  crónica

El 14 de marzo de 2014 estaba previsto que “la Lepra”, equipo histórico de fútbol mendocino ubicado en el parque General San Martín, disputara un partido con Instituto de Córdoba. Pero el encuentro se suspendió por un corte de energía eléctrica. A raíz de la suspensión se produjeron incidentes entre simpatizantes y policías que motivaron al efectivo Guzmán Zalazar a lanzar granadas de gas lacrimógeno hacia los hinchas.

Lucas Carrazco era parte de la banda de música de la hinchada de la Lepra. No era barrabrava, era un simpatizante. Llevaba su equipo en sus brazos, y te digo en sus brazos porque se había tatuado. Para todos era el Luquitas.

Se cortó la luz, mi hijo estaba en la calle Boulogne Sur Mer y Clark, estaban esperando que confirmaran si se iba a jugar o no. Largan la luz y mi hijo con su grupo empieza a caminar acercándose al ingreso, ahí ya había empezado todo. Todos corrían. Ellos se escondieron detrás de una planta. Tiraban tiros. Hasta que el asesino de mi hijo tiró un gas lacrimógeno al montón de gente, cosa que no puede hacer: tirar en forma recta, es un arma muy poderosa. Eso se puede tirar para arriba nomás.

Uno de esos proyectiles impactó en la cabeza de Lucas, que se encontraba a pocos metros, de espalda al funcionario y retirándose del estadio junto a su hermano más chico, de 13 años en ese momento.

Ellos dicen que tiraron a 45 grados. Nosotros fuimos a la prueba de tiro. Un tiro a 45 grado llega como a 300 metros. Si hubiera sido así hubiera dado a los edificios. Ellos se lo tiraron a toda la gente. Además declararon un montón de chicos que estuvieron ahí.

A Lucas lo trasladaron a la guardia del Hospital Lagomaggiore, lo acompañaba su hermano. Dos días después, falleció como consecuencia de aquel disparo. Lo que yo veo mal es que cualquiera dice cualquier cosa. Pero le creen a la policía. Mi hijo no entró con un cortesito a la guardia. Él tenía un impacto de bala. El jefe del pelotón de Guzmán dijo en un momento que se habían quedado sin municiones cuando estaban en el callejón que rodea el club. Eso es mentira.

Yo creo que la policía se ha tomado los atributos que tenían los militares. Nunca tuvimos problemas con la policía, ahora sí. En ese entonces al efectivo Guzmán Zalazar lo acusó el fiscal de instrucción Daniel Carniello de homicidio culposo e incumplimiento de los deberes de funcionario público.

Al Lucas todos lo conocían porque era muy bueno. No discriminaba sus amistades, tenía amigos de la villa y amigos del Dalvian. Si tenía cien pesos y pasaba por la calle donde alguien pedía plata, él se los daba. La plata no le interesaba. Desde los 14 años iba a la cancha. Pero así como era de la Lepra, tenía amigos de Huracán Las Heras y por todos lados. También era muy amigo de mi esposa, ésa era una relación profundamente cercana.

 

Fueron más de dos años amargos, tres operaciones y 30 kilos menos en el cuerpo abatido de Daniel Carrazco cuando recién el 28 de julio de 2016 se inició el primer debate oral y público en la Segunda Cámara del Crimen con los jueces José Valerio, Arlinton Uliarte y Ramón Ariel Spektor.

Siempre decimos que eso no fue un juicio, fue una tomada de pelo. El 20 de septiembre de ese mismo año, los integrantes del tribunal se inhibieron de seguir entendiendo en el juicio. Esto debido a que las audiencias se suspendieron por más de 15 días hábiles por un supuesto delicado estado de salud del Juez Valerio que, según el certificado médico por él agregado al expediente, le impedía levantarse de su cama. Sin embargo, ese mismo día, en horarios de la tarde, Valerio se presentó a dar clases de consulta en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Cuyo.

Esto provocó que el juicio, que estaba en su etapa final, quedara sin efecto y la familia Carrazco-Espina, sin respuesta judicial por la muerte de su hijo.

Luego de que se notificara la nueva constitución del tribunal que llevaría adelante el segundo juicio oral y público, cansada de los abusos del Estado, el 15 de julio del 2017 fue hallada sin vida Viviana Espina, madre de Lucas y referente de la lucha contra el gatillo fácil en la provincia.

Junto a ella encontraron una carta en la que explicaba la razón por la que se quitó la vida. Ella decía que ya no lo venía soportando. Mi esposa dejó la vida por esto y la dejaron sola. El Estado es responsable de todo.

Tras esta terrible pérdida parecía que el resto de la familia iba a quedar sin poder participar activamente en el juicio oral y público, ya que la única querellante particular era Viviana Espina. Ante esto, representado por los abogados de Xumek, Daniel Carrazco, solicitó continuar con la querella iniciada por su esposa.

La resolución reconocía la activa participación de la familia durante todo el proceso, la imprevisibilidad del fallecimiento de Viviana Espina y la necesidad de garantizar a las víctimas y a sus familiares directo el acceso a la justicia y la posibilidad de participar en los procesos penales en la búsqueda de una condena a los responsables.

La causa estuvo mucho tiempo en la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Mendoza. Esto se debía a un recurso de casación que presentó la defensa de Guzmán Zalazar contra aquella resolución que autorizaba al padre de Lucas a continuar con la querella que había iniciado su madre.

El que haya pasado por esto me puede entender. Tenés que poner cara de hierro. Algunos del CELPI (Colectivo En Lucha por lxs Pibxs) y de la CORREPI (Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional) no tienen porqué pero siempre están ahí acompañando.

La causa siempre estuvo calificada como homicidio culposo y así se realizó en el juicio escandaloso del 2017 que terminó anulado. Al abandonarse la causa, se le pasó todo el expediente a la tercera cámara que constituyó el nuevo tribunal para llevar adelante el segundo juicio. El fiscal entendió que había errores y el caso pasó a ser calificado por homicidio simple con dolo eventual agravado por el uso de arma de fuego y por ocurrir en un evento deportivo. Delito que conlleva de 13 a 42 años de prisión.

El nuevo defensor del policía, ya que el anterior renunció, solicitó presentar nuevas pruebas y testimonios a finales de 2018. Es sólo una estrategia de la defensa del Guzmán para seguir demorando la justicia.

Los jueces actuales, de la tercera cámara, son Mauricio Juan, Eduardo Martearena y Laura Guajardo. Para los testigos es muy fácil llegar y decir “yo juro…” pero al final lo que hacen es violar el artículo 275 del Código Penal porque mienten, no dicen la verdad. Espero que los jueces comprendan las mentiras que ha dicho la policía, porque se pisan entre ellos. Sumado a los testimonios de los médicos, si no hay justicia ahora, ya no sé.

La esperanza tiene nombre y apellido, se sienta en una silla y dicta sentencia. Nada más necesario que justicia del lado de familia Carrazco-Espina para compensar el sufrimiento frente a la impunidad policial y la complicidad estatal.

 

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