22 de abril: Día de la Tierra

Nuestro planeta Tierra, el planeta Azul, la Madre Tierra, la Pachamama, Gaia, la Madre Naturaleza, Oikos,  Nuestra casa Común, Pecne Tao, Ñuke Mapu.

Diseminados en más de 70 países en los 5 continentes, los pueblos indígenas representan más de 270 millones de personas. Portadores de saberes ancestrales, habitan el 22 % de la superficie de la tierra, donde se encuentra el 80% de la biodiversidad mundial. Lo que les ha valido de ser llamados: “Los guardianes de la naturaleza”. 

Hoy en el Día de la Tierra, queremos brindar un homenaje a estos “guardianes de la naturaleza”. Paradójicamente, la belleza de sus territorios ha sido también la fuente de sus problemas comunes: deforestación, extracciones mineras, expoliación de sus tierras, aculturación…

Rescatamos en pocas frases, un poquito de su sabiduría ancestral, transmitida de generación en generación.

EL concepto de « Buen Vivir » emerge en América Latina como el conjunto de sistemas de conocimientos, de prácticas y de organización de los pueblos indígenas de los Andes de América del Sur. En su cosmovisión, el tiempo y el espacio son cíclicos. El pasado está siempre presente y es recreado por el futuro. La “Pachamama” (o la Madre Tierra) es considerada como un organismo vivo, donde todas las partes interactúan las unas con las otras, sin distinción entre los seres vivos y los cuerpos inertes, estando todos igualmente dotados de vida. No hay separación entre los seres humanos y la naturaleza. 

Los Maoríes, en Nueva Zelanda, piensan que nuestros ancestros están conectados con “Finhua”, con el Todo. Remontando hasta las divinidades, luego al creador y a los padres primordiales: el Padre Cielo y la Madre Tierra. El Padre Cielo y la Madre Tierra tuvieron hijos: los árboles, el viento, los bosques, los pájaros, todos los animales, los océanos. Son ellos divinidades terrestres, masculinas; las divinidades celestes, femeninas, son el pueblo de los ángeles, guardianes del paraíso…

En África, el moisés de la humanidad, voy a rescatar el concepto de “Ubuntu” en la lengua africana Bantú. Su filosofía reposa en el principio: “Yo soy lo que soy, gracias a que Nosotros somos Todos”. Ubuntu engloba los humanos y todos los demás seres vivos y define la existencia como un flujo de interacciones.

El pueblo Popará, en Taiwán, podría desafiarnos con una sonrisa pícara: “¿Hasta qué tamaño eres capaz de hacer creer una papaya, hablándole al árbol?”, sabiendo que en ese arte son insuperables…

El pueblo Sami, en Finlandia diría: “Yo sé cuándo el bosque no está bien”. Este pueblo que vive del criado de renos y de la pesca, hace llegar su grito de alarma su grito de alarma sobre el cambio climático. Ellos habitan en el Ártico, donde el clima cambia más rápido y más drásticamente que en el resto del mundo. “Si perdemos nuestra nieve y nuestros hielos perdemos todo lo que nos permite de sobrevivir”. Los ciudadanos del mundo deben escuchar los pueblos indígenas y tenerlos en cuenta en la toma de decisiones globales, sobre todo aquellas ligadas a la naturaleza.

Queremos rescatar sobre todo una profecía del pueblo Dené, en Canadá, que se transmite desde hace siglos, incluso antes de la llegada de los blancos. La profecía decía así: “Cuando el águila aterrice sobre la Luna, vendrán los tiempos de la resurrección de los ignorantes, de su salida de las tinieblas para volver a ser “seres humanos” y vivir con la Madre Tierra”. En 1969 cuando el hombre pisó la Luna, la primera frase dicha por el astronauta fue: “El Águila ha aterrizado”. La historia cuenta también, que en ese momento los indígenas se volverán maestros, para explicar al mundo cómo vivir en armonía con la naturaleza…

Casualidad o no, en esos años comienza a tomarse conciencia de la importancia de la ecología. Se realizan conferencias de científicos que alertan sobre un posible cambio climático y sus consecuencias sobre la salud y el medioambiente. 

En 1970,  el 22 de abril se tiene lugar en Estados Unidos una primera manifestación, que llama a la toma de conciencia sobre estas problemáticas. A ella acuden miles de estudiantes y centenares de comunidades y se declara este día como el Día de la Tierra. La presión social tuvo sus logros y el gobierno de Estados Unidos creó la Agencia de Protección Ambiental y una serie de leyes destinadas a la protección del medio ambiente. Luego en 1972 se celebró la primera conferencia internacional sobre el medio ambiente. La Cumbre de la Tierra de Estocolmo cuyo objetivo fue sensibilizar a los líderes mundiales sobre la magnitud de los problemas ambientales. En 1992, 20 años más tarde, en la Conferencia de Rio comienza la lucha contra el cambio climático.

Hoy 22 de abril de 2020, 50 años más tarde de aquella primera manifestación que apelaba a la toma de conciencia, seguimos celebrando el día de la Tierra. 

Esta vez, nos detenemos a percibir el ciclo natural de la madre Tierra, la sabiduría ancestral vivenciada y transmitida por las comunidades indígenas como el corazón de su cultura, origen de su identidad como pueblo.

Que sea la Tierra quien nos conecte como humanidad, nos recuerde nuestra identidad y nos permita generar un lazo espiritual con todos los seres sintientes, dotando de significado la vida en una compleja e inseparable interrelación y que permita despojarnos del estado de alienación.

Somos Tierra y a la Tierra regresamos para escuchar el canto vibrante y regenerado de la naturaleza fuera de nuestras fortalezas.

Desde el Área de Ambiente agradecemos a su integrante Verónica Gómez Tomas, en cuyo escrito se basa este comunicado.

Foto: Télam