30 de agosto: Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas

El Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas se conmemora desde el año 2011, a partir de que la Asamblea General de las Naciones Unidas expresó su preocupación por el aumento de las desapariciones forzadas en diversas regiones del mundo, en formas de arrestos, detenciones y/o secuestros, y por el creciente número de denuncias de actos de hostigamiento, maltrato e intimidación padecidos por testigxs de desapariciones o familiares de personas que han desaparecido.

Por lo tanto, a través de la resolución que aprueba la “Convención Internacional para la Protección de todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas”, declaró el 30 de agosto jornada para repensar y problematizar este delito.

El tratadodefine este delito de la siguiente manera cuando “se arreste, detenga o traslade contra su voluntad a las personas, o que estas resulten privadas de su libertad de alguna otra forma por agentes gubernamentales de cualquier sector o nivel, por grupos organizados o por particulares que actúan en nombre del Gobierno o con su apoyo directo o indirecto, su autorización o su asentimiento, y que luego se niegan a revelar la suerte o el paradero de esas personas o a reconocer que están privadas de la libertad, sustrayéndolas así a la protección de la ley”.

La desaparición forzada, según la ONU, se utiliza con frecuencia como estrategia para infundir el terror en las personas de una comunidad, pueblo, barrio o ciudad. La sensación de inseguridad que esta práctica genera no se limita a lxs parientes próximos del o la desaparecida, sino que afecta a su comunidad y al conjunto de la sociedad.

Por lo tanto este grave delito afecta a las propias víctimas, quienes son muchas veces torturadas; a lxs amigxs y familiares de las víctimas, quienes sufren una angustia por la incertidumbre de saber dónde está, qué le sucedió, en qué condiciones está y sobre si la persona vive aún; y en las comunidades ya que a través de este delito se les infunde terror.

Desapariciones Forzadas en Democracia

El terrorismo de Estado en la Argentina durante la década del 70, sobre todo en el período de la última dictadura cívico-militar -que se prolongó desde 1976 hasta 1983-, la desaparición forzada de personas se transformó en el método más utilizado para la persecución y represión política. Miles de hombres, mujeres, niños y niñas y disidencias,  fueron secuestradas, y los pedidos de habeas corpus presentados por sus familiares, rechazados. Hasta el día de hoy, si bien algunos casos fueron esclarecidos y los cuerpos encontrados, la gran mayoría de las víctimas continúa desaparecida.

Pero ¿qué sucede en Democracia?, ¿siguen desapareciendo personas?, ¿a quiénes?, ¿de qué comunidades?, ¿quiénes son lxs responsables?

Facundo Astudillo Castro: El 30 de abril de 2020 Facundo salió de la localidad bonaerense de Pedro Luro rumbo a Bahía Blanca. Pensaba hacer esos 125 kilómetros a dedo hasta la casa de su ex novia. Pero antes fue detenido por agentes policiales de la Policía de la Provincia de Buenos Aires a cargo del Ministro, ‎Sergio Berni, y se le labró un acta por violación del aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO) que rige en el país por la pandemia del nuevo coronavirus. Luego existió una segunda detención, cercana a la localidad de Teniente Origone. Nunca llegó a la casa de su novia. Así consta en la información que el Estado argentino reportó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que intervino en el caso, ante la sospecha de que se trata de una desaparición forzada. Se encontró un cuerpo y se analiza la posibilidad de que sea Facundo.

Santiago Maldonado: El 1 de agosto de 2017 a orillas del río Chubut, el primer gendarme saltó la tranquera de la Pu Lof en Resistencia de Cushamen, efectivos van hacia la orilla del río Chubut. Hombres encapuchados corren, las mujeres y lxs niños se quedan en la casilla, los gendarmes disparan balas de goma. En un año de investigación, el Poder Judicial argentino no pudo explicar qué pasó. Santiago desapareció y murió en un operativo represivo coordinado por funcionarios del poder político, en ese entonces coordinado por la ministra de Seguridad de la Nación durante el gobierno de Mauricio Macri, Patricia Bullrich.

Gisela Gutiérrez: 19 de julio de 2015 la última vez que se la vió, la joven volvía de la casa de su hermana, ubicada en el mismo barrio La Favorita. La chica le hizo señas a su mamá, Ramona Bazán, de que se demoraba, y luego nadie más supo de ella. Su mamá se alarmó cuando no llegaba y salió a buscarla, pero ninguna persona sabía nada. Hizo la denuncia judicial 48 horas después porque en la comisaría le aseguraron que debía esperar ese lapso para concretar la presentación.

Johana Chacón: fue vista por última vez el 4 de septiembre de 2012 en Tres de Mayo, Lavalle. Las docentes y directivxs de la escuela Virgen del Rosario, a la que asistía la niña que en ese momento tenía 13 años, fueron el motor para que nadie olvide su nombre. En el 2018 se da sentencia del juicio por la desaparición y muerte de la joven, quien fue acusado a prisión fue Mariano Luque, quien ya contaba con una condena de homicidio simple por la desaparición de Soledad Olivera, otra mujer lavallina que fue vista por última vez en 2011 cuando iba camino a encontrarse con él. Por esta razón, los jueces decidieron unificar las condenas en 32 años de cárcel, por ambos crímenes.

Desde el área de Género y Diversidad Sexual y Violencia Institucional, consideramos necesario repensar los nuevos escenarios que plantean las formas de violencias institucionales actuales en la que se yuxtaponen distintas capas que van desde la violencia física hasta la negligencia, la indiferencia, la inacción o la complicidad judicial y política. Cuando los agentes del Estado actúan por fuera de los estándares permitidos y el uso de la fuerza es irracional y desproporcionado puede derivar en múltiples formas de violencias y en diversos niveles de intensidades, desde el hostigamiento policial hasta la desaparición forzada. Resulta urgente buscar nuevas formas de enunciación, contextualización y complejización.

Fuentes: Naciones Unidas, Revista Anfibia, Cosecha Roja, Chequeado, Unidiversidad