49 años de la “Noche de los Bastones Largos”

Un 29 de julio pero del año 1966, la policía federal por orden del dictador Juan Carlos Onganía, intervino a golpes las universidades públicas. Estudiantes y profesores fueron encarcelados y agredidos brutalmente; cientos de científicos e investigadores se exiliaron, lo que constituyó una “fuga de cerebros”.

Se cumplen 49 años de la “Noche de los Bastones Largos”: el 29 de julio de 1966, las universidades nacionales fueron intervenidas y ocupadas militarmente. Un mes antes, el día 28 de junio de 1966, el teniente general Juan Carlos Onganía había derrocado el gobierno democrático del entonces presidente Arturo Illia y daba inicio a la dictadura autodenominada Revolución Argentina. La misión del día 29 de julio tenía dos objetivos centrales: golpear y detener estudiantes en las universidades públicas, e imponer las primeras marcas de la intervención militar.

La represión, en efecto, fue una respuesta a la creciente politización de la vida universitaria en los ’60. Luego del derrocamiento del gobierno de Arturo Illia, se firmó el decreto ley 16.912 que suprimía el gobierno tripartito en la universidad, disolvía los 17 consejos superiores y obligaba a los rectores y decanos a transformarse en interventores sometidos a la autoridad del Ministerio de Educación. Los rectores de las universidades nacionales de Cuyo, del Nordeste y del Sur aceptaron transformarse en interventores, pero los de Tucumán, Litoral, La Plata, Buenos Aires y Córdoba lo rechazaron.

La resistencia de estudiantes y docentes fue la toma de las facultades. Además, la UBA, a través de su Consejo Superior, y la Federación Universitaria Argentina, se pronunciaron contra el derrocamiento del gobierno constitucional. Se firmó una declaración donde se puso de manifiesto su “irrevocable decisión de no reconocer otras autoridades de Facultad y de la Universidad de Buenos Aires que las que legítimamente emanan del cumplimiento del Estatuto Universitario, así como de las leyes y de la Constitución Nacional”, y donde se comprometían a “retirar toda colaboración a las personas que ilegítimamente se arroguen tal autoridad en la Universidad, haciendo abandono definitivo de nuestras tareas docentes y de investigación en la Facultad”. El golpe “disciplinador” era inminente. La Noche de los Bastones Largos fue el desalojo por parte de la Dirección General de Orden Urbano de la Policía Federal Argentina de cinco facultades de la Universidad de Buenos Aires, que habían sido tomadas por estudiantes, profesores y graduados, en oposición a la decisión del gobierno militar de intervenir las universidades y anular el régimen de gobierno.

El nombre del hecho proviene de los bastones largos usados por efectivos policiales para golpear con dureza a las autoridades universitarias, los estudiantes, los profesores y los graduados, cuando los hicieron pasar por una doble fila al salir de los edificios, luego de ser detenidos. La represión fue particularmente violenta en las facultades de Ciencias Exactas y Naturales y de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, las facultades más renovadoras. El método aplicado fue la irrupción de la Infantería, primero lanzando gases lacrimógenos y luego descargando bastonazos a hombres, mujeres, estudiantes, docentes, graduados y decanos.

“La Noche de los Bastones Largos” marcó el inicio de una etapa de persecuciones, renuncias y cesantías. Cientos de científicos e investigadores se exiliaron, lo que constituyó una significativa “fuga de cerebros”. En los meses siguientes muchos profesores fueron despedidos, renunciaron a sus cátedras o abandonaron el país.

El episodio forma parte  de los silencios del poder judicial en la historia argentina, opinó el juez Mario Portela. “Fue un hecho publicitado en todos los medios, por la cantidad de heridos y de detenidos, hasta tuvo repercusión mundial y sin embargo la justicia no hizo nada. El onganiato nunca inició una investigación”; “la gran pregunta es saber dónde estaban los fiscales y los jueces de instrucción  del Poder Judicial en ese momento”. Y concluye: “el hecho tiene una resonancia histórica porque fue parte de un plan orquestado para desmantelar lo público desde el golpe del ’55. La persecución a los intelectuales fue perversa. También hay que destacar que los militares no tocaron la facultad de Derecho, y no fue por casualidad. Yo estudiaba en esa época en la UBA y siguió funcionando como si nada hubiera ocurrido”.

A 49 años de la Noche de los Bastones Largos, volvemos a manifestar firmemente NUNCA MÁS !! Memoria, Verdad y Justicia para cada uno de los estudiantes, profesores, autoridades universitarias, científicos, investigadores, familias que tuvieron que atravesar este brutal episodio.