5 de junio: Día Mundial del Medioambiente

Estamos transitando un año que se nos presenta, a nivel mundial, como una invitación obligada a la reflexión. Con un marcado aspecto natural, las vidas humanas se han visto pausadas o ralentizadas, como cuando un animal acude al ayuno para superar un malestar estomacal.

Los humanos necesitamos esta pausa para poder observarnos y observar el lugar que habitamos.  Con la vorágine contemporánea  no nos estábamos dando ese momento reflexivo, que implica un cambio radical en el modo en que estamos  relacionándonos entre las personas y con la existencia en su totalidad. La naturaleza nos dio envión y ya no podemos desaprovechar la oportunidad.

El medio ambiente, lejos de ser un dispositivo de recursos naturales comunes, para explotar sin medida y control, es el entramado de redes de vida que nos sostiene.

Ante la crisis socio-ambiental-sanitaria la biodiversidad, como soporte que sustenta toda la vida en la tierra y el agua, tiene relación con todos los aspectos de la salud humana. El llamado de atención, urgente y existencial, que la naturaleza nos ha marcado se direcciona hacia la toma de conciencia de la presencia de otras formas de existencia igualmente válida, importante y necesaria en dicha red de vida.

La actividad productiva humana, deforestación, invasión de hábitats de vida silvestre, agricultura intensiva industrial, entre otras, han alterado el delicado equilibrio de la naturaleza. Y dados los intereses corporativos que instituyen dichas prácticas, una respuesta reparadora que limite la progresiva destrucción (que implica una indirecta autodestrucción; cortar la rama del árbol en que estamos sentados) sólo es viable desde los pueblos en conocimiento de la situación crítica global, organizados y partícipes activos del cambio a realizar. Desde América Latina se está proponiendo la idea de un pacto ecológico, social y económico, que además de criticar al neoextractivismo, plantea la existencia de los derechos de la naturaleza, el buen vivir, los bienes comunes y la ética del cuidado. Una perspectiva emancipadora que propone integrar la justicia racial, social, de género, con la justicia ambiental.

La biodiversidad se ve también implicada en otra consigna que desde hace 5 años se ha impuesto en la agenda. El #niunamenos surgido en 2015 como protesta contra la violencia machista contra mujeres y disidencias, nos plantea a otra escala la misma reflexión.

La inevitable analogía de relación entre los seres humanos y la naturaleza, y lo masculino y lo femenino, nos deja ver que sin respeto y valor por la vida de otras formas de existencias, estas se convierten en presas del poder dominante. Tanto la naturaleza como mujeres y disidencias se encuentran actualmente bajo el poder opresor de un sistema productivo y reproductivo que somete, utiliza, reutiliza y descarta.

La naturaleza y su correlato humano en los cuerpos, se han vuelto territorio para demostrar poder, un sentido de masculinidad. En este mes de Junio nos hacemos eco del llamado a guardianar por posibilidades de existencia y vida digna tanto de las personas, otras especies y el medio ambiente en su totalidad, como red de sustento compartido.

Sabernos semejantes, respetando y validando diferencias nos enriquece transversalmente.

Que el freno impuesto sea un impulso para el reconocimiento, hacia nuestro adentro, de que únicamente desde la biodiversidad es viable la vida. Aprovechemos esta pausa para ajustar nuestras subjetividades y que la vuelta al mundo exterior sea desde un posicionamiento más cauto, responsable y que mire hacia los lados, para vernos, cuidándonos, mientras nos acompañamos transitando el planeta Tierra.

Texto redactado por Jimena Cortizo, integrante del Área de Ambiente de Xumek.

Foto: The Conversation