Caso Lucas Carrazco

A Lucas lo mató un policía cuando intentaba asistir a un partido de futbol. El largo camino de la justicia llevó el caso a una sentencia que nadie podría considerar como justa. 

Los hechos datan del 14 de marzo de 2014, cuando Lucas y sus amigos se disponían a ingresar al estadio Gargantini, ubicado en el parque General San Martín. Nunca llegaron a ingresar al partido de futbol debido a un apagón que se produjo en las inmediaciones del estadio y, a la negativa de la policía, de dejar ingresar los fanáticos al recinto. El público comenzó a impacientarse y la tensión escaló, ante lo cual, la policía comenzó a reprimir dejando aislados a los hinchas que ya habían ingresado a la cancha de los que esperaban afuera.  Como es rutina en estos casos, los cuerpos de infantería junto con la policía hicieron uso de todo su arsenal incluyendo balas de goma y gas lacrimógeno. Los testigos contaron que la situación fue realmente violenta. Lucas, quien se encontraba con su hermano Mariano, y otros hinchas, quedó acorralado en un callejón donde la policía aprovecho la situación y descargó varios cartuchos de gas lacrimógenos. Uno de ellos, impactó de lleno en la cabeza de Lucas, generándole una hemorragia severa que dos días más tarde se cobraría su vida. 

El comienzo de la pesadilla

Lucas fue trasladado en un taxi al hospital Lagomaggiore, donde fue ingresado de urgencia, ensangrentado y en estado de inconsciencia.  Los profesionales que allí lo atendieron, tardaron dos horas en estabilizarlo, es decir, detener la hemorragia para poder realizarle estudios y así, evaluar el daño. Los y las medicxs advirtieron la necesidad de dejarlo en observación por, al menos, 48 horas, ya que el traumatismo en la cabeza podía desarrollar hemorragias internas. En efecto, así ocurrió el 16 de marzo. Lucas fue trasladado al Hospital Central donde falleció por una hemorragia subaracnoidea masiva.

Luego de la muerte de Lucas, la familia comenzó a lucha para obtener justicia sin saber que sería un proceso largo y tortuoso. El primer juicio fue declarado nulo por haberse prolongado por más de 15 días la suspensión de las 3 audiencias de debate. Uno de los magistrados, José Valerio, adujo una enfermedad que le impedía levantarse de la cama, según consta en el certificado que presentó, lo que resultó en una suspensión mayor a los 15 días. La “enfermedad” del juez no era tal, ya que se presentó durante esos días a dar clases en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Cuyo. 

Luego de varios años y dos juicios anulados; Viviana Espina, la madre de Lucas, que luchó incansablemente por justicia para su hijo, se quitó la vida en julio de 2017. En una situación inédita, la defensa intentó declarar la querella desierta, (ya que Viviana era la querellante principal). En una carta,  encontrada pocas horas después de su muerte, Viviana escribió acerca de la imposibilidad de sobreponerse a la muerte de su hijo y la desazón por no encontrar justicia.

Así, comenzó en 2018, el segundo juicio donde se buscó probar la culpabilidad del único imputado de la causa: el oficial del cuerpo de Infantería Diego Guzmán Zalazar, quien al inicio del debate hizo uso de la palabra negando rotundamente los hechos que se la acusaban. Tanto él, como sus compañeros, fueron consistentes en negar los hechos y afirmaron -con una asombrosa memoria ya que el hecho había ocurrido hace 4 años- que, al momento de la muerte de Lucas, Guzmán Zalazar ya no tenía más municiones en la escopeta porque “ya habían sido todas utilizadas”.

La fiscalía pudo determinar que el arma homicida fue una pistola calibre 38,1, lanza gases. También fue posible determinar la hora fatal gracias a las comunicaciones realizadas por los policías que detallaban por cuales calles avanzaban, las ordenes que recibieron, y el momento exacto en que se quedaron sin municiones. Xumek pudo corroborar que, al momento en que Lucas fue asesinado, los efectivos aún disponían de municiones, lo cual también demostró que las declaraciones de los policías intervinientes eran falsas.

A finales de 2018 el juicio tuvo un condimento extra: la defensa técnica del imputado Guzmán Zalazar, el Dr. Calderón, renunció no sin antes pedir la nulidad de todo lo actuado y solicitar la recusación de uno de los jueces del tribunal. Esto derivó en que le rechazaran los pedidos, pero que le asignaran un abogado de la Defensoría oficial, quién al ingresar solicitó se repitiera toda la prueba producida y solicitó otra gran cantidad de prueba nueva, con un claro espíritu dilatorio. Finalmente, se confirmó su ingreso como defensor técnico del imputado, se rechazó el pedido de que se repita toda la prueba ya producida y le aceptaron las nuevas medidas probatorias solicitadas, lo que dilató notablemente un juicio que estaba cercano a finalizar.

Foto por Nancy Castronovo Bloin

La fiscalía pidió una pena de 18 años de prisión por considerar a Guzmán Zalazar responsable del delito de homicidio doblemente calificado por el uso de arma de fuego y por ocurrir en la previa de un espectáculo deportivo. Desde Xumek consideramos que la calificación y la pena eran correctas, por lo que adherimos al pedido, y solicitamos, además; que la Justicia disponga medidas para evitar estos casos. La defensa, por su parte, pidió la absolución del imputado. Finalmente, los jueces de la causa Mauricio Juan, Laura Guajardo y Eduardo Martearena dictaron sentencia el día 27 de junio de 2019, cinco años y medio después del hecho, y condenaron a 3 años de prisión en forma de ejecución condicional y 7 años de inhabilitación especial para ocupar el cargo policial a Diego Guzmán Zalazar por encontrarlo penalmente responsable del delito de homicidio con exceso en el ejercicio legítimo del cargo. Una calificación llamativa y una pena insuficiente para la memoria de Lucas y su familia.

El imputado siguió en libertad, (dada la ejecución condicional de la pena), lo cual suena irrisorio si se considera la responsabilidad de un funcionario policial, de una división especial de la policía que se encarga del control de disturbios, la cual se supone especialista en la materia, actuando justamente en un disturbio, que además (y como quedó acreditado en la sentencia) actuó con dolo. Luego de 5 años, 3 meses y 11 días, la única satisfacción que tuvo la familia Carrazco- Espina, fue encontrar una débil sentencia para la muerte de Lucas y el hecho de que Guzmán Zalazar jamás podrá integrar una fuerza de seguridad nuevamente.