Caso “Ricardito” Bazán Zárate

Ricardo Bazán hoy tendría poco más de 30 años y una hija pequeña si la policía no lo hubiese acribillado por la espalda, la noche del 1 de mayo de 2019. Ricardito, como sus amigos lo conocían, fue baleado en las inmediaciones de la Playa de Secuestros San Agustín, cerca del barrio La Favorita, donde vivía con su pareja. Era albañil, recolector de residuos y padre de dos hijos pequeños que había tenido con su expareja.

La Justicia dictó prisión preventiva para el policía José Alexis Méndez (27), acusado de dispararle a Ricardito a sangre fría. El crimen fue calificado como homicidio agravado, por el uso de arma de fuego y por ser efectivo policial. Septiembre de 2020, preveía el inicio del juicio por jurados, en el cual Xumek será querellante, pero se pospuso indefinidamente por el aumento de los casos de Covid 19 en la provincia.

Ricardo y su esposa, María Sales, junto a un amigo de ellos, se encontraban saliendo de su casa para comprar ingredientes para la cena, cuando se toparon con tres policías. En una zona, donde el hostigamiento policial es frecuente, los efectivos obligaron a los jóvenes a bajarse de auto y revisaron a ambos. María, quien presenció toda la escena, aseguró que Ricardo escapó luego de ser revisado: “uno de los policías constató que Ricardo no tenía ningún arma, y él (por Ricardito) salió corriendo”, explicó la joven en una entrevista televisiva. Lo que pasó con Ricardito es rutina en los barrios periféricos de la provincia. Los amigos y familiares de la víctima confesaron que Méndez, amenazó a Bazán en numerosas ocasiones antes de asesinarlo, “ya te va a tocar a vos, te estas salvando mucho”, le decía el policía como un siniestro preludio a lo que aconteció después.

Lo que pasó con Ricardito es rutina en los barrios periféricos de la provincia. Los amigos y familiares de la víctima confesaron que Méndez amenazó a Bazán en numerosas ocasiones antes de asesinarlo, “ya te va a tocar a vos, te estas salvando mucho”, le decía el policía como un siniestro preludio a lo que aconteció después.

Méndez dejo a Ricardito muerto en el piso. Fueron los propios vecinos del lugar los que lo asistieron y llevaron a un centro médico de la zona, aunque ya era demasiado tarde: cuando Bazán ingresó al centro de Salud 300 de La Favorita, ya no mostraba señales de vida. Los peritos demostraron que Ricardito fue asesinado mientras corría con, por lo menos, 6 disparos. La abundancia de pruebas logró que la causa llegue rápidamente a juicio: no solo los efectivos que también se encontraban en el operativo confirmaron que Méndez estaba mintiendo y que, efectivamente Bazán no estaba armado, sino que también, entregaron sus armas reglamentarias para determinar que los disparos provenían de José Méndez. 

Así, la Justicia, dictó prisión preventiva para el acusado, desoyendo el pedido de la defensa solicitando prisión domiciliaria. En octubre del 2019, (5 meses después del asesinato de Ricardito), el ex gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo; se jactó de “no tener ningún acusado de gatillo fácil en nuestra provincia”. Un dato erróneo, y que pone de manifiesto que los abusos policiales en las zonas más vulnerables de la provincia no merecen atención para el Gobierno provincial.

Arma tumbera y encubrimiento

Personal de la Policía Científica pudo confirmar el hallazgo de un arma tumbera (de fabricación casera), en el lugar del crimen. Desde un primer momento los investigadores tuvieron en claro que el arma en cuestión había sido “plantada”, varias horas después del asesinato, por los policías para justificar el asesinato de Bazán. Todos los testigos corroboraron que Ricardito no estaba armado al momento de la pesquisa. Por su parte, los sabuesos confirmaron que la escena del crimen había sido alterada. Los efectivos que participaron del hecho con Méndez: Gabriel Martínez y Gabriel Barroso; guardaron silencio sobre el asesinato hasta que, horas más tarde, el fiscal les secuestró las armas reglamentarias: para ese momento, Ricardito ya llevaba muerto varias horas. El autor del delito arriesga una pena de prisión perpetua, “si su idea era disuadir a la víctima, los disparos deberían haber sido a 45 grados con respecto del piso”, argumentó la Jueza de Garantías, rechazando el pedido de la defensa de cambiar la calificación del delito. El ángulo de los disparos fue 7 u 8 grados, casi en línea horizontal, directo a la espalda de la víctima. “El disparo fue realizado con conciencia de la ilicitud, sabiendo que el proceder era idóneo para causar la muerte”, resalta la resolución de la magistrada, donde también hizo alusión a la saña de Méndez al disparar en los oscuros pasillo del barrio poniendo en riesgo, no solo la vida de Ricardito, sino también de los vecinos que allí viven. Por último, hay que considerar la actitud de los efectivos policiales luego del asesinato, ¿por qué no pidieron auxilio? ¿Por qué no informaron a sus superiores, o llamaron al 911 pidiendo una ambulancia? Dejar a Ricardo morir, en frente de su novia embarazada y sus amigos, habla del inexorable desprecio por la vida humana de quienes se la arrebataron.