8 de julio: Día del Abogado/a Víctima del Terrorismo de Estado

Para conmemorar este día compartimos un texto de Viviana Laura Beigel,
abogada querellante en juicios de lesa humanidad de Mendoza y socia de Xumek

Las memorias colectivas se componen de múltiples experiencias y voces. Constituyen un ejercicio concreto de recuerdos, de olvidos, de silencios, de relatos y de actos. En palabras de Elizabeth Jelin, las memorias, ponen en juego saberes, pero también emociones, tienen huecos y fracturas.

Hoy quiero llenar algunos de esos huecos recordando a las mujeres abogadas víctimas del genocidio argentino, porque es sabido que las lógicas discursivas y la posibilidad de la palabra pública ha generado que algunas historias de víctimas sean más conocidas que otras, sobre todo en sociedades patriarcales como las nuestras.

Quiero honrar la memoria y hacer visibles a estas mujeres abogadas, validar la historia de lo que pensaban y como eran sus espacios de pertenencia en las organizaciones políticas y armadas de la izquierda revolucionaria.

Mujeres que habían abrazado la defensa de los derechos de perseguidos y perseguidas políticas, que lucharon por garantizar los derechos sexuales y reproductivos. Mujeres que habían decidido salir de la esfera privada de la familia para comprometerse en la lucha social y política y en la defensa de los derechos humanos.

Quiero hacer memoria hoy y dar cuenta de la vida de las abogadas que en los años ´60 y ´70 se involucraron en el movimiento feminista, reclamando por el derecho de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos y que se opusieron a las opresiones del sistema patriarcal.

Mujeres abogadas que, en esos años, articularon su actividad profesional con su actividad política y que fueron profundamente marcadas junto a sus compañeros abogados por la desaparición forzada de Néstor Martins y por el asesinato de Rodolfo Ortega Peña por parte de la Triple A.

Quiero recordar y nombrar a cada una de nuestras abogadas detenidas-desaparecidas. Porque al nombrarlas las reconocemos, las visibilizamos y las homenajeamos. En este día, están presentes Graciela Beretta, María Teresa Bernasconi, María Cristina Bustos; Elda Calabro; Graciela Doldan; Norma Falcone; Mónica Fernández; Teresa Israel; Nelly Ortiz; Edith Peirano; Carmen Pellegrini; Nora Peretti; Amanda Prato; Manuela Santucho; María Saur de Galuppo; Mónica Schteingart; Marta Taboada y Esther Wejerman; todas abogadas detenidas-desaparecidas y respecto de quienes no conocemos cual fue su destino final.

Quiero reconocer también a Nelly Minyersky que fue perseguida por la dictadura cívico- militar y a Nina Brugo que tuvo que exiliarse por razones políticas, porque ambas, hasta el día de hoy siguen reclamando por la legalización del aborto y por los derechos de las mujeres y las diversidades e identidades sexo-genéricas.

Y para darle una mirada federal a este reconocimiento, quiero recordar también a las abogadas mendocinas que fueron perseguidas y secuestradas por el ejercicio de la abogacía y por su militancia política y social.

A Haydee Fernández, abogada secuestrada por asesorar a los familiares en la búsqueda de personas desaparecidas, a Susana Sanz de Llorente, abogada laboralista y militante de la juventud peronista que se comprometió en la defensa de los derechos de los trabajadores y trabajadoras, a Dora Goldfarb, jueza secuestrada y alojada en el centro clandestino de mujeres instalado en el Casino de Suboficiales de Mendoza y a Angélica Escayola, abogada laboralista, militante política comprometida en las luchas sociales que tuvo que salir al exilio y que hasta hoy levanta las banderas de los derechos humanos.

Ellas, las abogadas perseguidas, muchas obligadas a vivir en la clandestinidad, fueron militantes políticas que formaron parte de ese conjunto de mujeres que bien describe Marta Vasallo en su libro “La Terrible Esperanza”. Mujeres que, en los ´70, se revelaron en contra de la división sexual del trabajo, que se enrolaron en la construcción de un proyecto revolucionario ajeno a la cosificación de las relaciones humanas y a la subordinación de la mujer, que pensaron en la maternidad y en la paternidad social para promover la igualdad en las relaciones familiares y que proyectaron un mundo donde sea efectiva la equidad para las mujeres y en el que se garantice su participación paritaria en el espacio público.

Quiero recordar y hacer visibles a estas abogadas, que fueron catalogadas por los perpetradores del genocidio como las enemigas internas de la Nación, como las delincuentes subversivas apátridas y como mujeres fallidas que se habían distanciado de su “deber ser”. Estas abogadas que, por su condición de género, fueron doblemente castigadas en los centros clandestinos de detención, que fueron reprimidas por su militancia política y social pero también, por ser transgresoras al reclamar el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos. Abogadas que fueron disciplinadas por los genocidas de manera diferenciada, a través de las violaciones, los abusos, las torturas sexualizadas, la desnudez forzada, y mediante actos de desmaternalización y de apropiación de sus hijos y de sus hijas.

Quiero visibilizar a estas mujeres, que, como el conjunto de las revolucionarias de los ´70, fueron objeto de un cautiverio disciplinario cuyo objetivo fue, además, el de restaurar los valores morales de la civilización occidental y cristiana que ellas habían decidido abandonar.

Han pasado muchos años, muchos silencios y muchas ausencias, años de falta de escucha y del no reconocimiento a las mujeres abogadas víctimas del genocidio argentino. Pero estas opacidades se han ido quebrando poco a poco en los juicios por delitos de lesa humanidad.

El trabajo comprometido de muchas compañeras abogadas, desde las fiscalías y desde las querellas, ha sacado a luz la verdad histórica. Un trabajo que en los últimos tiempos ha impactado en los tribunales hasta lograr que los delitos sexuales sean considerados delitos autónomos dentro del plan criminal genocida. Estas miradas, con perspectiva de género, se tradujeron en las primeras condenas en las causas “Barcos” del Tribunal Oral Federal de Santa Fe, en la causa “Molina” del Tribunal Oral Federal de Mar del Plata, en la causa Sambuelli del Tribunal Oral Federal de Santa Fe y en la Causa Vesubio II, entre otras.

A partir del trabajo dedicado y comprometido de muchas abogadas defensoras de derechos humanos que abrazaron los feminismos se ha logrado que, entre los fundamentos utilizados por algunos de los tribunales orales federales de nuestro país, se señalara que la violencia sexual formó parte del proceso de destrucción del genocidio, que tomó como blanco específicamente a las mujeres que se habían apartado de los roles de género tradicionales.

Hoy quiero decirles que, a través de nuestro trabajo en los juicios de lesa humanidad, buscamos honrar a las mujeres víctimas del genocidio argentino, quebrando los silencios de recuerdos dolorosos que esperaron un espacio de escucha para ser expresados. Aún queda camino por recorrer y muchos reconocimientos pendientes, pero estamos avanzando en la reconstrucción de la verdad histórica, porque como dice Elizabeth Jelin, lo que fue silenciado en determinada época emerge con voz fuerte después.

Mujeres abogadas víctimas del genocidio argentino.

¡Presentes!! Ahora y siempre!!

Un nuevo libro desobediente y urgente

“Perdidos en los recovecos de la Historia, depositarios de sus más grandes silencios y sus más radicales contradicciones, uno a uno fueron llegando los Desobedientes, sin otro equipaje que un puñado de relatos por construir”. Así comienza el prefacio de Nosotrxs, Historias Desobedientes (2020) el segundo libro publicado por el colectivo de hijas, hijos y familiares de genocidas que trabajan en defensa de la memoria, la verdad y la justicia. 

El texto, editado por la Asociación de Maestros y Profesores de La Rioja, constituye un registro que a través de ensayos, testimonios y relatos con altura literaria, pretende ser un aporte para seguir pensando la implicancia y responsabilidad que tienen los familiares de genocidas en la transmisión de la memoria y en la construcción de una sociedad más justa.

La edición compila una serie de intervenciones y textos elaborados durante el primer encuentro internacional organizado por el colectivo Historias Desobedientes en el año 2018 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. “El libro nuevo teoriza el torcerle la mano al destino, porque la condición de la que venimos tiene que ver con un recorrido personal y con el descubrimiento, y asumir la propia historia que nos dejaba en un lugar de aislamiento a nivel social por ser hijo de…”, declaró en la prensa Analía Kalinec, militante por los derechos humanos, presidenta de Historias Desobedientes, hija de Eduardo Kalinec, alias “Doctor K”, subcomisario de la Policía Federal condenado a prisión perpetua por su intervención en los centros clandestinos de detención, torturas y exterminio El Atlético, El Banco y Olimpo.

El libro se estructura en tres partes. La primera de ellas, titulada “Mandatos de silencio y ley del padre”, procura esclarecer, a través de reflexiones y análisis de integrantes del colectivo, la relación que se establece entre los cuestionamientos de género y la desobediencia. El texto de Liliana Furió, documentalista, feminista lesbiana y trabajadora de la danza tanguera, hija del ex Jefe de Inteligencia del Ejército de Mendoza, Paulino Furió, explora la identidad sexual en el contexto de represión dictatorial tomando como ejemplo los testimonios de mujeres sobrevivientes de Mendoza. Por su parte, Mariana Dopazo, una de las primeras personas que en Argentina se declaró “ex hija” de un genocida, da cuenta del proceso que la llevó a solicitar el cambio de apellido. Cierra esta primera sección el texto de Pablo Llonto, que aborda el ámbito legal con una mirada crítica sobre la prohibición establecida en el Código Procesal Penal de denunciar y testificar contra padres y familiares, planteando la violación de un derecho fundamental que funciona como imperativo tiránico sobre hijos e hijas de represores.

La segunda sección se titula “No me contéis más cuentos, que vengo de muy lejos” y está compuesta por una serie de testimonios en primera persona que, utilizando un variado y rico repertorio de estrategias discursivas y recursos literarios, dan cuenta del camino personal y colectivo que conforman las historias de las protagonistas en la búsqueda de verdad y justicia. Aquí figura “La larga sombra de los genocidas”, relato testimonial de Alexandra Senfft, escritora nieta de un oficial nazi, que describe los patrones de comportamiento que tienden a perpetuar la forma de vida propia del nacionalsocialismo en la sociedad alemana actual. También encontramos el relato marcadamente literario de Lizzy Raggio, que a partir de la aparición en sueños de su tía Josefina, comienza a investigar sobre la participación de su padre en la represión ejercida por la dictadura. En tercer lugar aparece “Luna azul en tortura”, donde Vittoria é Natto expone a través de un poema el desgarrador testimonio de una hija torturada por su padre, en el contexto de la dictadura chilena liderada por Pinochet. 

La última parte del libro lleva el nombre de “Palabras en acción” y recoge un conjunto experiencias y reflexiones en torno a las implicaciones que tiene el discurso desobediente en la deconstrucción de la ética heredada de la familia y la construcción de memoria, verdad y justicia. Carolina Bartalini hace un análisis de los Escritos Desobedientes, primera publicación realizada por el Colectivo en el año 2018, que exterioriza desde distintos registros las historias de 18 artistas que se enfrentan al silenciamiento impuesto y encuentran en la escritura el medio para reconstruir la propia subjetividad. Más adelante aparece la voz de Florencia Jibaja Albarez, coordinadora de Marea Editorial, sello independiente responsable de la publicación de Escritos Desobedientes (2018) y otros libros que abordan temas comprometidos, conmovedores y urgentes, considerados asignaturas pendientes para la sociedad argentina, como Maldito tú eres (2003), De vuelta a casa (2008), Padres de Plaza de Mayo (2014), Las viejas (2015) y las biografías de Estela de Carlotto, Laura Bonaparte y Rosa Roisinblit, entre otros. Por otra parte, para cerrar esta breve reseña, cabe mencionar el texto de Uki Goñi, titulado “Gritar cuando todos guardan silencio”, un homenaje a Robert Cox, joven periodista responsable del Buenos Aires Herald durante la última dictadura argentina, que permitió hacer públicas las denuncias de las Madres de Plaza de Mayo cuando todos los grandes medios eligieron el silencio. 

Breve historia de la desobediencia

La organización Historias Desobedientes nació a mediados del año 2017, cuando un grupo de personas formado por 5 hijas de genocidas y un hijo decidió reunirse para buscar una manera de alzar la voz en contra del retroceso que estaba llevando a cabo el gobierno de aquel entonces en materia de derechos humanos, especialmente después del fallo de la Corte Suprema de Justicia conocido como “2×1”. 

Su aparición en la escena pública se dio después de que participaran, en junio de ese año, en la marcha de “Ni una menos” con una bandera que rezaba “Hijas e hijos de genocidas por la Memoria, la Verdad y la Justicia”. A partir de ese momento comenzaron a recibir la atención de medios de comunicación nacionales e internacionales, y a contactarse con otros familiares de represores vinculados a la dictadura. Entonces fue cuando decidieron participar en todos los actos colectivos centrados en la defensa y la profundización de los derechos individuales, sociales y políticos. 

En el año 2018 publicaron Escritos Desobedientes, su primer libro, y organizaron el primer encuentro internacional que permitió extender los vínculos de la organización hacia otros países como Chile y Alemania. La visibilización animó a otros familiares a pronunciarse en contra de los mandatos de obediencia y es así que al día de hoy el Colectivo ha contactado con más de un centenar de hijas, hijos, hermanos, hermanas, sobrinos, nietas y nietos de genocidas.

El colectivo colaboró con Xumek a través de la publicación de un capítulo en el Informe 2019 sobre la situación de los Derechos Humanos en Mendoza (págs.77-79). En mayo del 2020 decidieron presentar a través de internet su último trabajo Nosotrxs, Historias Desobedientes, del cual citamos el siguiente pasaje porque sintetiza el espíritu del Colectivo: “Poder tomar distancia de algo tan íntimo como la propia sangre es un recorrido doloroso pero necesario, que nos libera del peso de la culpa por lo que nuestros predecesores hicieron. Si bien el vínculo filiatorio determina nuestro encuentro, no es la relación que tuvimos con el familiar lo que nos convoca, sino un posicionamiento social y colectivo de repudio al accionar genocida”.

Nosotrxs, Historias Desobedientes (2020) se puede descargar gratuitamente aquí

Texto de Matías Camenforte para Xumek
Imagen Revista Haroldo