Juicio de Lesa Humanidad en San Rafael: crónica cuarta semana

El día jueves 23, única jornada de audiencias de esta semana, tuvo como protagonistas a diez testigos que contaron sus experiencias, algunos como víctimas directas, otros como familiares, y otros como vecinos, amigos o simples espectadores ocasionales de algún hecho aberrante que marcó para siempre la vida de otra persona.

Víctimas

Si bien en esta oportunidad pudieron expresar sus vivencias sólo dos ex detenidos políticos, aun así, más allá de los matices que rodearon a cada una de las experiencias, se hace imposible no notar patrones similares en ellas.

Los relatos acerca de las condiciones de encierro, golpes, trato inhumano llevados adelante por los que, tal como describió uno de ellos, “se creían los dueños de las vidas de las personas”, se repiten una y otra vez, coincidiendo en la saña con que actuaban las fuerzas de seguridad. Sin dudas que la metodología para torturar estaba bien aprendida.

Vecinos, amigos, testigos

Entre víctimas y familias pasaron testigos presenciales de violentos operativos que tuvieron como resultado detenciones sin explicación alguna de jóvenes, hoy devenidas en desapariciones forzadas de los mismos.

Según contaron los que tuvieron ese triste privilegio de ver por última vez en libertad a Omar Ozam, Aldo Soto, Ricardo Ríos y a Marta Guerrero, personal de civil en un caso y uniformado en los otros tres, sin reparo alguno ingresaron al lugar de trabajo y domicilios particulares respectivamente y sin preguntar demasiado en cuestión de minutos los redujeron, golpearon y secuestraron, dejando inertes a quienes estaban en ese momento ahí con ellos. En esto tampoco parece haber habido improvisación.

Familias

Sin ánimo de hacer un juicio de valor al respecto, en este grupo pudieron advertirse actitudes muy disimiles entre sí, que denotan un contraste notable a la hora de reaccionar frente a situaciones límites.

Aquellas disparidades podrían justificarse si se analizan dentro del contexto en que se dieron. Sin dudas escenarios como los vividos ponen a prueba los instintos y por una cuestión de supervivencia una persona tranquilamente puede anteponer su seguridad, aun ante la de un ser querido.

Por eso, si bien no correspondería pre juzgar a la distancia comentarios como el siguiente y sin conocer en detalle sus razones:

– “No pregunte si había una orden de allanamiento por el juez. No daban las circunstancias para cuestionar. Me limité a resignarme al procedimiento. No me detuve a hacer defensas. No actúe como abogado. Sabía pero no era una cosa corriente”.

– “Se lo llevan, imagino alrededor de las 6 de la tarde. Hacen una especie de requisa en su domicilio en presencia de su esposa, entiendo, yo no ingrese”.

– “En tribunales por ahí lo veíamos, pero no teníamos la seguridad de donde podía estar (…) Íbamos con cierto grado de seguimiento. Cuando estuvo acá ningún problema. Yo lo pude ver por mi condición de abogado, lo podía ver en el patio de bomberos, pero no tenia trato directo. (…) La calidad de abogado me permitía acceder a la departamental. Pero no tuve la oportunidad de verlo”.

Si entendemos que es muy válido destacar al que pudo superar esos miedos internos y sin siquiera pensarlo, ponerse en peligro para socorrer a un miembro de su familia.

Tal como en otra oportunidad resaltamos el valor demostrado por las mujeres en general, esta vez le toca a un hombre, que siendo hijo, hermano y cuñado de víctimas  hizo todo lo que estuvo a su alcance para ayudarlos, aun cuando ello implicara sufrir en carne propia no pocos hechos de violencia. Todo ello se aprecia claramente en varios fragmentos de su declaración:

– “Con respecto a la detención de mis padres (…) vi muchos policías, me pare y pregunte qué pasaba. Dije que era el hijo y comenzaron a pegarme una golpiza muy grande no sé por qué. Incluso los vecinos decían que no me pegaran (…) Fue una paliza muy grande, sin esperarla recibí un golpe en la cara y me hice un bollo en el piso. Siempre me pregunto si estando solos se hubiesen atrevido, ¡no! Porque eran unos cobardes que pegaban de a muchos. Patadas y puños, creo que con una culata de un fusil, que todavía me duele”.

– “A mi madre la dejaron en domiciliaria bajo mi cargo. Y a mi papa se lo llevaron. (…) Yo tenía mi señora en mi casa, embarazada. Un sargento apuntándome me acompaño a mi casa y la fui a buscar para ir a lo de mi madre”.

– “Ahí empecé a llevarle todos los días las comidas. Y a (…) también porque la familia no se atrevía”.

– “A mi hermana se la llevan al otro día de llegar de Malargue. Me llamo mi mama desesperada. A mi hermana, cuñado y al nenito que tenían. Le habían dicho que buscara a mi sobrino a la 8º. (…) Fui a retirar a mi sobrino. Recibí otros mamporros. Me lo entregaron y lo deje en lo de mis padres. (…) Me lo entregaron ahí, y tuve que ir al correo, que arriba había una dependencia, me golpearon ahí”.

– “A mi hermana y cuñado los trasladaron a la departamental. Ese día o el otro. Entonces tenía que llevar la comida para los 3”.

– “Durante un tiempo teníamos que ir a las 11 de la mañana a la municipalidad (…) nos golpeaban, tortura psicológica, nos decían que iban a matar a mi familia. (…) Cada vez que íbamos nos golpeaban y nos torturaban psicológicamente. (…) Nos tenían una hora y nos largaban. Me decían ‘no sé qué vamos a hacer con su papa, si lo matamos acá o en Buenos Aires’. (…) Siempre lo mismo: ‘a su hermana la vamos a violar, a su papa lo vamos a matar o mandar a matar’. Un día me sacó afuera, me pasó la mano por arriba del hombro y me dijo ‘no sea sonso, díganos donde está (…), esta toda su familia en riesgo’, y yo le dije si supiera capaz le digo. Capaz”.

– “Un día me llama uno de los médicos de la policía, (…) Me dijo que mi padre estaba tirado en el piso y no sabían qué hacer. Pude entrar a verlo a mi padre, revisarlo ahí tirado. Vi a los que estaban detenidos en la celda de mi padre, pero no podía hablar. Y vi alguno de los que están desaparecidos. (…) La segunda vez que me hacen entrar, al mes, mes y medio. (…)”

– “A los 4, 5 meses nos llaman para decir que mi padre estaba internado. Los médicos de la policía (…) No dejaban pasar a la familia. Habían 3 policías que se portaron bien, incluso me dijeron pasado una semana de estar en la cama, muy golpeado. (…) Después de una golpiza, con la cabeza tapada, boca abajo y colgado de los pies. (…) El estado de salud de su padre no era bueno. Estaba deshidratado, muy golpeado, con un aumento muy importante de la frecuencia cardiaca. Arritmia que le quedó toda la vida. Estado general deplorable”.

– “En un momento llega un coronel que estaba a cargo de la UOCRA en Buenos Aires. Y me dice que tenía la denuncia de que yo y dos doctores más eran terroristas. Me dice les doy un tiempo perentorio, hasta las 4 de la tarde, eso era las 4 de la mañana para que vaya al side, en cuadro nacional. (…) Voy allá, acompañado de mi señora, estacione a 200 metros (…) Esta gente se creían dueños de la gente. Una impotencia muy grande. Cada vez que podían me pegaban. Ven mi foja, no tenía nada”.

– “Me dicen que me podía retirar y me dan recomendaciones como si fuera un niño: no se meta en política y no le dé certificados a los obreros”.

– “La situación con el coronel fue cuando ya estaba liberada mi hermana. Mi padre no. Seguía en el  hospital. Llego un momento en que uno hace locuras. (…) Y un día me fui con el auto en el hospital, les dije que estaba dado de alta y me lo lleve a mi casa. A los 5 minutos llego una cantidad muy grande de policías. Me llevaron de una oreja (…) y me dijeron que era un loco. Asique decidieron dejarlo preso domiciliario. En la impotencia y no saber qué hacer uno hace locuras”.

– “Cuando mi hermana estaba detenida, la familia de mi señora que era muy allegada a la iglesia, me dicen vamos a hablar con el obispo. Fui a pedir por mi hermana, y me dijeron (…) ‘si estaba detenida es por algo’”.

– “A mi hermana la trasladaron a la cárcel de encausados. Fui y hable con el director de la cárcel, (…), y me dijo ‘no me comprometa’. Fui a hablar con el médico de la policía para ver el estado de embarazo, (…) y me contesto que a él no le importaba que fuera familiar de médico y no me dijo como estaba”.

– “A mi hermana la busque a las 4 de la tarde. No sé quien me llamo”.

– “Cuando liberaron a mi cuñado a la noche, en la bodega que hoy es pico de oro. (…) fui a las 10 de la noche, estaba terminando su interrogatorio. Yo entre, me presente y dije vengo a buscarlo y me senté. Estaba,…, muy nervioso, asustado, le dije ‘no te muevas de acá, no des un paso afuera’. Ya sabíamos que en esa época te daban la libertad y te chupaban. (…) Lo agarre a mi cuñado, y a flores del brazo. Los subí al auto, yo en ese momento tenía un  auto muy rápido. Como me seguían dos patrulleros acelere al mango. Di una vuelta larga hasta que los perdí. Flores me grito y se tiro en unos matorrales”.

– “Mi hermana era maestra en la escuela (…) Esa fue su militancia. Toda mi familia hemos sido peronistas. Y siempre hemos militado, pero que se entienda bien, militado como corresponde”.

Por último, esta misma persona expreso lo siguiente:

– “Las convicciones y las ideas no se matan. (…) En mi casa nunca hubo un arma, nunca jamás. Los detuvieron por lo mismo que a muchos, porque esas personas que tenían que ganarse el sueldo denunciaban a cualquiera. No tenían respeto por la vida y la dignidad humana. (…) Más allá de la angustia, el terror, tomar tranquilizantes durante 3 años, es lo normal que ocurre en estas cosas. Nunca pedí un resarcimiento, pienso que lo tenían que tener los que eran más humildes que yo, que estuvieron detenidos”.

Dentro de tanta desgracia y sufrimiento, escuchar esto último es muy reconfortante y alentador.

De hecho, calo tan hondo en la sociedad tanta crudeza por parte de quienes en ese momento eran las autoridades civiles y religiosas, que, según comento luego, muchos años después otro miembro de la misma institución religiosa que había rechazado a su familia invadido por una vergüenza tan ajena como propia, entre lágrimas y casi en secreto, lo abrazo y le pidió disculpas por todo lo que había tenido que pasar el y su familia.

Por eso si bien las peores miserias humanas no se olvidan, siguen ahí, avergonzando a los que las cometieron y lastimando a los que las sufrieron, aun así quedan muy disminuidas al lado de actitudes y pensamientos como los de esta persona.

El jueves 7 de mayo, día en que continua el juicio, esperamos seguir escuchando este tipo de relatos donde dentro de tanto daño y dolor se puedan rescatar valores más humanos.

A 25 años del Caso “Garrido y Baigorria”

La Corte Interamericana de Derechos Humanos falló por primera vez en un caso de Argentina el 27 de agosto de 1998. Fue en el caso Garrido Baigorria vs. Argentina: “un 28 de abril pero del año 1990, eran secuestrados Adolfo Garrido y Raúl Baigorria por la Policía de Mendoza. Nunca más aparecieron.”

Entrada la tarde del sábado 28 de abril de 1990, Adolfo Argentino Garrido Calderón y Raúl Baigorria Balmaceda circulaban en automotor rural Fiat 1.500 color azul por el interior del Parque General San Martín de la ciudad de Mendoza. Era un típico día del otoño mendocino, soleado, de temperaturas agradables, con un parque lleno de personas y familias disfrutando del día. Cuando Garrido y Baigorria llegaron a una rotonda conocida como “Monseñor Orzali”, fueron interceptados por una movilidad de la Dirección motorizada de la Policía de Mendoza con cuatro funcionarios de esa fuerza de seguridad. Luego de hacerlos descender del vehículo y “cacharlos” se los llevan en uno de los vehículos de la policía que arribaron al lugar.

Una vecina de la familia Garrido alcanzó ver la escena desde arriba de un colectivo que pasaba por allí y pudo observar la escena cuando se estaba produciendo la aprehensión. Minutos más tarde, un grupo de jóvenes que concurrían a jugar un partido de fútbol también presenciaron el operativo policial. Cuando la mujer regresó a su casa, un par de horas más tarde, alertó a los parientes de Garrido sobre lo sucedido. Éstos se dirigieron inmediatamente a la Seccional 5ta, ubicada a escasos cuadras del lugar, donde les negaron la detención alegando que el vehículo azul que se encontraba estacionado en la puerta de esa dependencia fue hallado sin ocupantes.

El lunes 29, los familiares de Garrido hicieron la denuncia de lo ocurrido y en los días sucesivos pusieron a disposición de las autoridades judiciales de la provincia toda la información con que contaban, identificando a los testigos presenciales de la detención, pero nunca obtuvieron ninguna respuesta y las actuaciones judiciales que se formaron a raíz de sus presentaciones fueron mantenidas durante seis años en estricto secreto de sumario. La inacción de los tribunales y la impunidad de los responsables fue absoluta, hasta que tomaron intervención los órganos del Sistema Interamericano de protección a los derechos humanos.

Intervención del Sistema Interamericano de Derechos Humanos

No sólo la gravedad de los hechos denunciados, sino también el contexto histórico y político en que sucedieron los mismos, fueron determinantes para que el caso finalmente llegara a conocimiento de la Corte IDH y se establecieran las consecuencias jurídicas y las distintas medidas de reparaciones que se presentaron a lo largo del proceso internacional y que fueron más allá de las que se impusieron mediante las sentencias de la Corte, como clara expresión de voluntad de todas las partes de que episodios como estos no volvieran a repetirse.

El caso Garrido y Baigorria, junto a otros hechos concomitantes de similar gravedad, eran la prueba dramática de que en los 7 años trascurridos desde el retorno a la democracia, poco o nada se había hecho para transformar las fuerzas policiales, nacionales y provinciales, principales ejecutores de la masacres actuando bajo control operacional de las fuerzas armadas. Más aún, sus cuadros serían los principales beneficiarios de las leyes de impunidad que impedirían profundizar las investigaciones que se habían iniciado luego del histórico juicio a las juntas en 1985.

Un gran logro. Destitución del Juez Enrique Knoll Oberti

Asimismo sobre la base de la investigación realizada por la Comisión ad hoc y respaldados en la sentencia sobre el fondo que declaraba la responsabilidad internacional de la República Argentina no sólo por el accionar policial sino por la omisión de investigar de las autoridades judiciales de la Provincia, los peticionario denunciaron a Enrique Knoll Oberti, quien al momento de los hechos era el Juez de Instrucción a cargo de la investigación. La denuncia fue presentada el 19 de marzo de 1999 y luego de un juicio oral y público en que los representantes de las víctimas actuaron como acusadores particulares, el 15 de diciembre de 2000, el Tribunal de Enjuiciamiento para Magistrados destituyó a Knoll del cargo de Fiscal de Cámara que a ese tiempo ocupaba, por su mal desempeño en la investigación de estas desapariciones forzadas.

En la sentencia se expresan claramente los motivos por los cuales entendió que los hechos denunciados se subsumían en la causal de “mal desempeño”, expresando claramente que el juez que dirigió desde el primer día la investigación no investigó el delito imputado, sino que convirtió en imputados a las presuntas víctimas. Señala que el expediente está plagado de una cadena de actos de manifiesta arbitrariedad, que muestran una parcialidad ostensible a favor de los presuntos autores.

La deuda

A pesar de los años transcurridos y de los logros obtenidos con la presentación del caso a la Corte IDH, existe en gran vacío: ¿cuál fue el destino final de Adolfo Garrido y Raúl Baigorria? ¿en algún momento los familiares podrán darle el adiós a sus restos? ¿se logrará imputar y sancionar a los responsables del caso?
Ésta sigue siendo una deuda del Poder Judicial de la Provincia de Mendoza que nunca avanzó más allá de las conquistas logradas en el terreno de la verdad por la Comisión ad hoc, y por tal razón el caso se mantiene abierto y bajo supervisión de la Corte IDH.

De igual manera, es digno de destacar el reconocimiento de responsabilidad internacional que realizó el Estado argentino frente a casos tan grave como lo fue el Caso Garrido y Baigorria, ya que permitieron encarar tempranamente y a lo largo de todo el proceso múltiples medidas de reparación. La constitución de una Comisión ad-hoc destinada a investigar la verdad de los hechos, la conformación de una Comisión arbitral  que cumplió con la tarea de determinar los montos de la indemnización, las reformas legales que se gestaron a lo largo del proceso interamericano que permitieron mejorar la calidad de instituciones de la provincia y forjar una nueva experiencia a nivel nacional sobre cómo proceder ante denuncias de este tipo, así como también las reformas legales posteriores, dirigidas a desplazar a la institución policial de la investigación criminal y ponerla a cargo del Ministerio Público Fiscal, son claros ejemplos de ello.

En definitiva y pese a todos los avances logrados por el caso Garrido y Baigorria, aún se mantienen las heridas abiertas y aún quedan cosas por hacer. Por ello, hoy más que nunca, seguimos reclamando y exigiendo Verdad y Justicia.

Juicio de Lesa Humanidad en San Rafael: crónica segunda semana

Los días 8, 9 y 10 de Abril dieron continuidad, en su segunda semana de audiencias, al segundo juicio por delitos de Lesa Humanidad en la ciudad de San Rafael, provincia de Mendoza. Oportunidad en la que, a pesar de algunos problemas técnicos respecto a la comunicación vía teleconferencia, se pudieron completar al menos 20 declaraciones que hicieron que rápidamente el público presente empiece a dimensionar todo lo que significó para las víctimas los hechos que les tocó vivir.

Si bien podríamos intentar explicar con nuestras palabras la tensión en el ambiente y esas sensaciones fuertes que se tienen al escuchar y ver a las víctimas aprovechar esos momentos únicos para cada uno de ellos, no es ni comparable con escucharlo de ellos mismos.

Por eso intentaremos acercarnos lo máximo posible destacando frases, anónimas, que se dijeron espontáneamente y que estamos seguros que calaron profundo en todos los presentes. Incluso en los que están sentados ahí esperando ser merecidamente condenados.

El Daño Irreparable:

Sin dudas que cada gesto, palabra y lágrima vertidos en la sala, mostraron en forma patente el daño que generaron estas terribles vivencias. Prueba de ello es que a lo largo de los tres días, se hizo recurrente escuchar frases como:

– Es muy duro volver al pasado. Fue un infierno. Todavía tengo problemas en el oído, por golpes con las palmas de las manos de los señores que están acá acusados. (…) Me reventaron los oídos a golpes. Eran demonios ahí adentro que nos tenían esposados y encapuchados.

– La cárcel era como el cementerio de San Rafael, era un cementerio con gente viva.

– No estábamos preparados para las aberraciones que pasamos, es algo que no se puede olvidar. Nos trataban como un trapo viejo, pero a mí, como ser humano, las cosas me dolían, a un trapo no.

– No parece justo que una mujer víctima de violación diga con mucho dolor que los hechos ocurrieron en el dormitorio donde dormía con su mamá, que ahora a casi 40 años después tiene cerrado con ladrillos para no recordar, debiendo vivir solo en el comedor. Que por años no pudo decir nada por miedo. Que se sentía rechazada, no podía estar con gente, teniendo que tratarse con psicólogos porque abandonó la secundaria. Y que recién pudo contar a su familia lo sucedido después de hacer la denuncia en el año 2011.

– Era una tortura. El sólo hecho del encierro y la privación ilegitima de libertad, y la inversión de la carga de prueba teniéndome que demostrar inocente, era imposible. No tenía nada que ver con los hechos. Era un iniciado militante peronista (…) Tuve el ‘privilegio y honor’ de ser el único estúpido, inocente, ingenuo, idealista que me vigilaban como presunto subversivo.

 – Nunca me dijeron porqué estaba detenida. Entré en la celda y entré como en un túnel del tiempo, porque no se sabe cuándo va a terminar. (…) Torturas físicas no hubo, el trato entre comillas fue respetuoso. Lo que no quita que estar ahí es una tortura. Por mis hijas.

Me ofrecieron en tribunales ver a mi familia y no acepte, el Suarez. Uno tiene sus límites, era nefasto el ofrecimiento. En el momento lo cree humanitario, pero a los 5 minutos se da cuenta que no puede alguien ofrecer llevar a 4 criaturas a ver a la mama presa.

Y después, y después tuve que vivir. Lo primero que tuve que hacer frente fue volver al trabajo. Enfrentar a los grupos sociales. Y mi marido seguía preso y había que seguir pidiendo por él. Son saltos de trauma en trauma. Todo nace de un mundo silencioso y tienen miedo de tocarte, por el miedo a que los puedas contagiar. Es como que uno queda ‘contaminado’.

– Nosotros éramos normales, no se puede vivir un calvario como ese. Mi marido murió en el 2006 de un tumor en la cabeza, todavía no se si culpa de las patadas que le dio este bastardo. No creo que tenga nada más que decir.

La Desaparición Forzada:

Es tristemente notable advertir que los daños de las desapariciones forzadas no terminaron ahí, ni se repararon con el tiempo, sino que las heridas se mantienen abiertas aún hoy.

– Era una hermosa familia, creo que mi vida de hoy la grabó mi marido. Lo esperé mucho tiempo con la ilusión de que estuviera vivo.

Esas fechas no se olvidan. Marcaron una vida. Un antes y un después. Cuando se llevaban gente, fotos, se llevaban los sueños, el amor de uno. Se llevaban todo. Es, nunca más ser feliz. Es, nunca más tener paz. Cada uno de los momentos lindos los hubiera querido compartir con él. Se llevaron cumpleaños. Ese padre de ese hijo que si no es por una foto no tendría imágenes. Miles de besos. Era una persona querida. Se llevaron todo. ¿Cómo una madre le cuenta esto a un hijo? ¿Cómo? No hay forma…

Una cosa es contarlo y otra sentirlo en la piel. Me decían “debe andar con una minita por ahí”. Mi marido en algo andaba: le preocupaba la copa de leche en las escuelas, que los cumpas no tuvieran laburo, la inclusión social, le molestaba la pobreza (…) ¿Esos eran subversivos? ¿Que no le resbalaran los problemas de los demás? ¿Por eso se llevaron a un pibe de veinte?, ¿a un padre?

Capaz que apretaron el gatillo convencidos, pero que no se lleven los huesos, que nos digan donde están. Nadie pela la papa sin saber dónde tirar la cascara. Dónde están los huesos, no se los lleven a la tumba.

Mirando a la cara a los imputados dijo: No tengan bronca. Están con un tribunal, con defensores. Mi marido no tuvo nada. Si no aparecen los huesos son viles, porque sí saben donde están. Yo pido huesos, huesos, porque los cuerpos hablan. (…) Mi abuela decía “no te preocupes que una bala mata pero no calla”. Nuestros hombres están muertos y desaparecidos, pero hablan, sino no habría este tribunal. Se llevaron sus vidas pensando como quisieron pensar, pero hoy ya saben cómo piensa el país y el mundo, que no se lleven los huesos…

 – A los 8 años me enteré que mi papá le dijo a su abuela “cuidameló porque es lo mejor que tengo”. Ese día mi vida cambió. Me transformé en hombre, y quise saber que le había pasado a mi padre.

No tenía amigos, porque los padres no dejaban que se juntaran con un tirabomba y subversivo. No podía conseguir colegio. No pude hacer la comunión porque no me dejaban entrar a la iglesia. Perdí a mis dos padres, porque mi vieja tuvo que salir a trabajar para poder irnos de Alvear y rehacer sus vidas.

Siendo padre, lo peor que te puede estar pasando es que donde te están torturando, metan a tu hijo desnudo. No creo que sea un acto de humanidad.

Que estos tipos nos digan qué pasó, dónde están nuestros padres; que tengan la grandeza y nos digan dónde están, que tengan la grandeza de persona. A mi viejo lo llevaron en una bolsa de nilón, de un tiro en el corazón, se desangró en el piso, pero eso no me duele. Me duele la Argentina, y no saber qué pasó. Me queda pendiente encontrar los huesos de mi padre. No sé si es el mejor lugar para pedirlo, pero es el mejor lugar que encontré. No para mí, yo a los 8 años me di cuenta que ya estaba. Que nuestras vidas no tenían sentido. Que limpien la imagen de las fuerzas de seguridad.

Es el peor de los delitos que se pueden cometer; uno puede odiar desde lo político, pero la dictadura fue peor que eso, utilizó la desaparición forzada de un modo perverso. Nos ponen en un lugar de no saber quiénes somos. Nos resistíamos nosotros a matarlos. Eso nos generó la pregunta eterna, de dónde están, qué pasó. Los familiares que buscan a un familiar les pasa a todos lo mismo. Fue un plan de exterminio regional. La metodología era siempre la misma. Si hay 30 mil desaparecidos, es porque hay 30 mil familias sufriendo.

Cuando les preguntaban a los imputados, todos describían familias divinas. Y yo dije que distinto fue para uno y que fue para otros. Por eso estamos acá. Solamente nos queda relatar frente a un tribunal. Y otros tienen la posibilidad de decir “tengo dos hijos…” y nosotros nos quedamos ahí, un 25 de febrero de 1976 cuando un camión se llevó pibes por pensar distintos.  Espero que en la sentencia se note la diferencia. Me quedo con eso, con que al menos sientan el rigor.

 – Sigo la búsqueda, hoy con 39 años la vida me quitó, estos genocidas arrebataron la vida de mi viejo… perdón por que estoy quebrado pero necesito hablar. Asique como me arrebataron la vida de mi viejo, la vida me regaló una familia hermosa, mi esposa que es una gran mujer siempre me sostiene, y mis 4 hijos que también esperan encontrar los restos de su abuelo.

La vi a mi madre durante muchos años mirando por las esquinas esperándolo.

El imputado Guajardo dijo que ahí estaban los cuerpos (…). Dijo también que él había hecho los pozos donde los enterraron. El juez en ese momento ordenó hacer las excavaciones, fuimos con esperanza. Estuvimos casi 10 días, en un lugar muy bonito, yo digo que si está ahí mi viejo fue el que hermoseó el lugar. No los encontramos pero se determinó que hubo fosas. En el camino de 160 km decíamos ‘por acá pasó mi papá’. Tuvimos la suerte de entrar a las fosas. Salí con un vacío muy grande pero por lo menos supe que él estuvo ahí. También mis hijos están esperando encontrarlo. Lo que más me duele es que ellos también esperan lo mismo.

Este pacto de silencio que tienen estos señores, no sé cómo decirles, no quiero faltar el respeto. No es el curro de los derechos humanos como tuvimos que aguantar. Esa es otra cosa, la figura del desaparecido. Porque sigue de generación en generación. Ojalá termine en mí. Me la banco porque es la lucha que nos parió. Pero sigue con mis hijos. Ayer le tuve que decir a mi hija “no sé si lo vamos a encontrar por el pacto de silencio”. ¿Qué les cuesta decirnos?, quieren seguir torturándonos con eso, no alcanzo a entender porqué son tan macabros con eso. Y eso que tienen familias. Eso demuestra que siguen con el plan de seguir torturándonos.

El enorme valor de las mujeres:

Otro punto sumamente destacable fue sentir la fuerza, determinación y coraje que tuvieron muchas mujeres, que apenas superando los 20 años de edad, supieron enfrentar el terror e intentar por todos los medios a su alcance encontrar respuestas para ellas y sus familias.

Qué se puede pensar al escuchar a una mujer relatar que desde el momento en que detuvieron a su marido, hoy desaparecido, recorrió a pié sola el camino entre los centros de detención, hasta que consiguió que le digan dónde se encontraba. En ese momento ella pensaba en la comida, en que seguramente él tenía hambre, entonces le llevó cosas con la ilusión de que las iba a recibir. No lo pudo ver nunca.

Trataba de ver por un portón de chapa. Hasta que espiando por ahí, un día lo ve al lado de la puerta de una habitación. Entonces agarró la costumbre de ir siempre a la misma hora porque podía espiar.

Luego de pedir permiso al tribunal para llorar, continuó su relato contando que un vecino la llevó a unos cuarteles, donde después de insistir mucho, apareció en una tranquera de madera un militar. Éste le dice que era una atrevida. Iba con su bebé en brazos, ella le dice que necesitaba que dejen que su hijo viera a su padre. No la dejaron, aclarándole que si su hijo está enfermo es mejor, que muera, porque va a ser uno menos para matar.

Se volvió temblando, pero no desistió. Al día siguiente, con su hijo en brazos, fue a infantería y dijo ‘vengo con la orden de que mi hijo vea a su padre 5 minutos’. Sale un militar y pide la autorización, ella sin tener el papel en la mano lo convence de que la autorización era real. Y así pasó, y su hijo estuvo con su padre. Ella miraba por el agujerito pero no los veía. Estuvo como 30 minutos.

Por supuesto que no se conformó con eso tampoco. Fue a la Unidad Regional y le dijeron que no podía estar ahí. Se escondió en la acequia y como pensaba que por estar lejos no veía bien lo que pasaba, se levantó y entró al edificio donde le mostraron un papel firmado y le dijeron que su marido ya se había ido en libertad.

Siguió buscando. Como la persona que en un primer momento se llevó a su marido había quedado a cargo del municipio, iba a la municipalidad a tratar de averiguar algo. Pero nunca la atendían. Hasta que un día se encuentra a este hombre en las escalinatas y le pregunta donde estaba su marido. Y a los días le respondió que ya estaba en libertad y que si no había vuelto era problema de ella

A partir de ahí, su historia siguió, recurrió al lugar de trabajo, a la justicia, a la iglesia, pero corrió siempre con la misma suerte. Pero ella nunca desistió y mantuvo firme su reclamo, tan firme como ayer y como hoy

Otro tremendo ejemplo es el relatado por otra joven mujer de un detenido político de Malargüe. Estuvo detenido varios días en San Rafael y el mayor Suarez le concedió su libertad con un certificado que debía entregar en su trabajo para que lo reincorporasen. Sin embargo, cuando fue a solicitar la reincorporación, fue nuevamente detenido. Como no sabía qué hacer, llamó a gendarmería y habló con el comandante que lo conocía, éste le dice que le traiga ropa porque han pedido que lo lleven a Buenos Aires debido a que se tomó el atrevimiento de pedir que le reintegren el trabajo. Agregando que venga a verlo porque quizás sea la última vez que lo vea.

Automáticamente ella toma la decisión de venirse a San Rafael, se vino a hablar con el mayor Suarez, quien le había otorgado la libertad en un primer momento. Le dejó a su hermana los niños y se vino desde Malargue en el R6 sin calefacción y con 40 cm de nieve. Nadie la acompañaba. Se abrigó bien y partió.

Llegó a la municipalidad. Se bajó, se arregló un poco y subió al primer piso. La atendió un soldado. Le dijo que sin audiencia no la podía atender. Ante la negativa, cruzó la plaza San Martín hasta donde estaba Aerolíneas Argentina donde su cuñado era gerente y la sobrina secretaria. Con ésta última entran a la cocina y se visten de azafatas de aerolíneas. Luego cruzaron la plaza aún ante la insistencia del cuñado de que no lo involucraran, que le iban hacer perder su trabajo. Ella tenía cargo de conciencia porque las podían matar a las dos.

Su sobrina era muy linda, lo que permitió el ingreso a la oficina del mayor Suarez. Luego de esperar como una hora, las hacen pasar. El hombre era abominable, era gordo y con una pipa. Apenas entraron se le abalanzaron y le contaron desesperadamente que él le había dado la libertad a su marido, y que lo estaban desobedeciendo. Frente a lo que Suarez tocado en su orgullo dijo: “soy el único que le puede dar la libertad, detenerlo y matarlo”. Por lo que empezó a llamar a gendarmería, hasta hablar con el comandante y le dice que lo tiene que dejar en libertad porque ya lo habían investigado. Luego de la llamada a gendarmería, les dice a las mujeres que se fueran tranquilas porque cuando llegara a Malargüe su marido iba a estar en libertad.

Ella vuelve sola a su casa, donde estaba su hermana despierta y los niños durmiendo. Llegó a la media noche y le dijo a su hermana que no se acostaran, y que las 5:30 de la mañana tenían que ir hasta la puerta de gendarmería a esperar que saliera su marido. Ellas habían decidido que si salía un camión para el lado de la ruta a Buenos Aires, no era buena señal, por lo que iban a empezar a gritar y tocar bocina para despertar a todo el pueblo diciendo que iban a matar a su marido y si salía para el otro lado, el de su casa, entonces el llamado del mayor Suarez había dado su resultado. El camión salió a las 6:15 de la mañana para el otro lado, el de su casa, ellas fueron atrás del camión y él las saludaba, al llegar a su domicilio, la mujer contenta con la libertad de su marido invitó a los gendarmes un café para agradecerles.

El efecto reparador del juicio:

Pero estos testimonios cargados de emoción también permitieron advertir lo reparador que es hoy a casi 40 años, poder sentarse libremente ante un tribunal frente a sus represores y contar con detalles todas las experiencias sufridas.

– Realmente esto es reparador. Venir y testimoniar. Es reparador. Y mi viejo en democracia no tuvo la chance.

– Hoy para mí es un gran día, y quería contar todo esto, y nuestra niñez no fue la mejor (…) él no quiso entregar su vida ni que se la arrebataran como lo hicieron. Seguramente algunos hijos más quiso tener. Voy a seguir levantando sus banderas. Estar sentado acá es importante, porque es un poco cerrar la herida. Gracias al tribunal, a la fiscalía que le pone tanta fuerza. Y ni hablar de los abogados, que más que abogados son hermanos.

– No somos familia pero a todos nos cambió la vida. Hoy estar acá ayudando me enorgullece.

– Le agradezco habernos convocado a todos los detenidos. Y espero que los imputados se dignen de decirnos dónde están nuestros compañeros.

El juicio tendrá continuidad los días 15, 16 y 17 abril en la ciudad de San Rafael.

Juicio de Lesa Humanidad en San Rafael: crónica tercer semana

Muy a pesar de volver a sufrirse las continuas demoras y problemas con la comunicación vía teleconferencia, pudo completarse con resultado positivo la tercer semana de audiencias los días 15, 16 y 17 del mes en curso.

Si bien la video conferencia tiene su inconvenientes, somos conscientes de que tolerar estas pérdidas de tiempo tiene su razón, ya que además de colaborar con la presencia al menos virtual del cuarto juez domiciliado en la provincia de La Pampa, es la única forma que hoy admite que todos los represores imputados en la causa estén presentes y tengan la obligación de escuchar, ver y sentir todo lo que tienen para contar los testigos, sentir su dolor y dimensionar el daño que ocasionaron sus cobardes actos.

El dolor de los familiares:

En esta oportunidad, si bien siguieron presentes en cada testimonio la violencia física y psicológica, los operativos, detenciones y privaciones ilegitimas de libertad sin motivos y las consecuencias en general que acarrearon estas últimas, intentaremos destacar otro aspecto que puede advertirse de las experiencias vividas en la triste segunda mitad de la década del 70 en la ciudad de San Rafael: el dolor que aún hoy se percibe en los familiares de los que sufrieron en carne propia aquellos atropellos.

Estremece casi tanto como los relatos de las víctimas, percibir como esas situaciones también ha marcado a sus familias. Padecimiento que aún subsisten. Basta con detenerse en el nivel de detalle que, pasados casi 40 años, siguen recordando de ese momento trágico en que irrumpieron en sus domicilios para advertir fácilmente que fue tan grave lo que les tocó ver vivir, que ese momento ha quedado grabado a fuego en sus retinas.

Y, como si pasar por eso no fuese poco, muchas veces afloran sentimientos de culpa que ni el tiempo ha podido aliviar por no haber hecho un poco más para ayudarlos.

“Los militares que entraron a mi casa eran como unos gigantes” decía una testigo, buscando justificar el razonable miedo diciendo, visiblemente emocionada, que los 15 años de antes no son los de ahora y que por eso cuando se llevaban a su hermana no pudo reaccionar y se quedó arrinconada contra la pared mientras la apuntaban con un arma. “Yo siempre digo que no me animé a mirar cuando se la llevaban. Pienso que no me animé a mirar, siquiera,  por la ventana.”

“El militante era yo, mi hermano no tenía nada que ver. Toda mi vida me la he pasado echándome la culpa por lo de mi hermano. Quedaron 3 niños chicos”. Decía otro testigo, concluyendo “yo sé que hay un dios y ellos lo van a pagar. Yo ahora estoy medicado desde que empezó el juicio. Pero estos…la van a pagar”.

Agregaba con lágrimas en los ojos: “Mi mamá participaba de las rondas de los jueves. Iba al comando o a infantería a preguntar e iba con una muda de ropa por las dudas de que estuviese ahí, que se yo, por si aparecía…pero bue…nunca más la vimos.”

Incluso, dijo una testigo que, “habían oficiales que me decían que tenía que pagar por su información, y me dijeron que debía tener sexo con ellos. (…) En realidad no lo hice, pero realmente la oferta estaba, y saber eso era muy cruel, demasiado cruel.”

Esta semana por problemas de agendas de las partes esenciales del juicio, sólo habrá audiencia el día jueves 23. Por lo que esperamos sea una nueva intensa y larga jornada de declaraciones.

Caso Leonardo Rodríguez: presentación pedido de imputaciones

La querella particular, representada por  Lucas Lecour, Francisco Machuca (ambos por la Asociación Xumek) y Lautaro Cruciani (por la Campaña Nacional Contra la Violencia Institucional), presentó este miércoles 1 de abril el pedido de imputaciones al fiscal Dr. Daniel Carniello por el caso de Leonardo Rodríguez, el joven que apareció muerto la madrugada del 16 de enero del corriente año en un calabozo de la Comisaría Nº 27.

En dicho pedido se requerirá la investigación del delito de “privación abusiva de la libertad”, imputables a cuatro agentes policiales que actuaron esa noche, entre ellos un subcomisario.

Se pretenden lograr la imputación  de los efectivos que participaron en la detención sin motivos de Leonardo Rodríguez la noche del 16 de enero. La privación de libertad resulta arbitraria e ilegal, debido a que el joven se encontraba caminando normalmente a dos cuadras de su casa y  llevaba consigo el  documento de identidad, sin embargo, lo hicieron subir a un móvil y lo trasladaron a la 27, comisaría que abarca los barrios del oeste de Godoy Cruz. Ambos policías serán investigados junto a otros dos, incluido el subcomisario de turno, que se encontraban en la comisaría, debido a las condiciones de arbitrariedad e ilegalidad con que mantuvieron el encierro del chico.

Debe recordarse que a Leo se lo encontró ahorcado en una celda común minutos después que se efectuó su encierro arbitrario e ilegal y, por ello, la primer noticia en circular fue la de la versión policial que lo tituló como un caso de “suicidio”, pero las evidentes irregularidades con que se procedió demuestran que se trata de un delito típico de violencia institucional. Por esta razón, los argumentos vertidos por la querella encuentran su fundamento en el marco legislativo que indica, claramente, que para llevar adelante la detención de una persona deben existir motivos necesarios e informarse al juez o fiscal sobre dicha detención. Algo que no ocurrió en ningún momento aquella noche de enero.

Por su parte, el Procurador de Personas Privadas de Libertad, el Dr. Fabricio Imparado, ordenó la inspección de la Comisaría Nº 27 a los pocos días de ocurrido el suceso. En la misma pudo comprobarse que la celda había sido modificada en su fisonomía inmediatamente luego de la aparición sin vida de Leo, sin autorización judicial, lo que impide cualquier reconstrucción del hecho que se investiga.

San Rafael: Inicio segundo Juicio por Delitos de Lesa Humanidad

Hoy jueves 26 de marzo, se da inicio al Segundo Juicio por Delitos de Lesa Humanidad en la ciudad de San Rafael, Mendoza.

Los abogados Diego Lavado, Sergio Salinas y Lucas Lecour, con la colaboración del Dr. Gonzalo Evangelista, actuarán como parte querellante en la causa. El poder para actuar en el juicio como tal, fue otorgado por Mariano Tripiana, hijo Francisco Tripiana (desaparecido), y el MEDH, Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos.

El mismo se llevará a cabo con algunos cambios. El de mayor importancia se genera a partir de la renuncia del juez que comenzó el proceso en diciembre, Héctor Cortéz, que por cuestiones de salud no pudo continuar con el juicio en febrero, quien hoy es reemplazado por la Jueza Gretel Diamante.

En consecuencia de ello, el debate comenzará  nuevamente debido a que tuvo que ser anulado ya que pasaron más de diez días hábiles sin retomar las sesiones. Cabe recordar que el mismo tuvo a fin del año pasado su primera jornada.

Del “Juicio a los jueces” en Mendoza a la Justicia que pretendemos

El jurista Pablo Salinas repasó la destitución de los ex jueces Miret y Romano acusados de complicidad con la última dictadura militar en la “mega causa” de Mendoza. “Ese logro de la Justicia argentina -dijo- permite inferir que la complicidad civil puede ser juzgada y se deben dilucidar sus responsabilidades en todo el país”.

Por la causa F 636 instruida por el Juez Walter Bento a requerimiento del entonces Fiscal General Omar Palermo, se procesó y elevó a juicio a quienes ejercieron como jueces, fiscales y defensores durante la dictadura militar en la Provincia de Mendoza.

Fueron requeridos: Luis Francisco Miret Caples, Rolando Evaristo Carrizo Elst, Guillermo Max Petra Recabarren, Otilio Irineo Roque Romano Ruiz, Gabriel Guzzo.

Al momento de iniciarse la investigación seguían ejerciendo como jueces federales Otilio Romano y Luis Miret. Ambos fueron destituidos por el Consejo de la Magistratura luego de un procedimiento largo y con plenas garantías.

El 11 de marzo de 2011, el  jury entendió que Miret como juez subrogante tuvo “noticia verosímil y directa de delitos cometidos contra varios detenidos puestos a su disposición a manos de integrantes de grupos de tareas de la policía mendocina”. También indicó que “puede concluirse sin hesitación que el magistrado debió haber actuado conforme lo establecía la legislación vigente, identificar a los responsables de vejaciones, torturas y robos de los que tuvo conocimiento y sin embargo, omitió toda diligencia procesal en ese aspecto”.

El 16 de diciembre de 2011, por unanimidad fue destituido el entonces magistrado Otilio Romano considerando que “no le cabe a este cuerpo colegiado un mínimo atisbo de duda para decidir que el doctor Otilio Ireneo Roque Romano no merece continuar en el ejercicio de la magistratura por no tener las condiciones morales para ostentar tan alto honor”,

El jury determinó que “el acusado, en contraposición con la celeridad y diligencia que demostraba para investigar las infracciones, en función de la Ley 20.840 (o “antisubversiva”), nada hizo respecto de los graves delitos de torturas, violaciones y robos, denunciados en “forma directa” y con “detalles” ante él, incluso durante las indagatorias. Incumplió sus obligaciones como funcionario esencial del sistema de justicia”.

Otilio Romano huyó a Chile para intentar conseguir “asilo político”, y el país vecino previo dictamen de la Procuradora de la Corte resolvió otorgar la extradición para ser juzgado en Argentina.

Se debe destacar que la destitución de Romano fue una decisión unánime del jury: lo acusaron de haber “omitido” en forma “sistemática” denunciar e investigar secuestros, desapariciones, torturas, apremios ilegales y violaciones, de los que tenía conocimiento directo por las declaraciones y reclamos de las víctimas que recibió como fiscal desde 1975 –con la Triple A– y durante la última dictadura.

A partir de la destitución de Luis Francisco Miret y Otilio Irineo Roque Romano se produjo la acumulación de las causas de los represores de Mendoza junto con los acusados civiles y se conformó la llamada “mega causa”, donde fueron sentados en el banquillo de los acusados ex militares, ex policías, ex penitenciarios, ex jueces, ex fiscales y ex defensores.

Este logro de la justicia argentina , – me refiero a que el 17 de febrero de 2014 empezó a juzgar a todo el aparato del terrorismo de estado en Mendoza- permite inferir que la complicidad civil puede ser juzgada y debe ser juzgada y se deben dilucidar sus responsabilidades en todo el país.

El avance con respecto a la responsabilidad de civiles en el plan criminal del terrorismo de estado es fundamental para construir un estado democrático, tal como lo afirmé en el libro “Usted También Doctor?” (ver Usted También Doctor? Juan Pablo Bohoslavskky. Editorial Siglo XXI. Bs.As. 2015. Pág. 405).

Podemos cerrar con las palabras de Horacio Verbistsky (Op. Cit. Contratapa) “los esfuerzos para desentrañar y poner en evidencia esa dimensión de la complicidad civil sin duda contribuyen a la consolidación de la democracia Argentina, no sólo porque demandan una rendición de cuentas, sino también porque nos interpelan acerca del tipo de juez que la sociedad argentina hoy necesita”. Creo que se trata sencillamente de qué tipo de juez pretendemos y de qué tipo de fiscal y abogado necesitamos. En última instancia, de que Poder Judicial pretendemos para nuestro país.

Condena por violencia de género

Un día después del Día Internacional de la Mujer, los abogados querellantes Lucas Lecour (presidente de Xumek) y Fernando Peñaloza (abogado de la Secretaria de Derechos Humanos de la Nación) lograron una sentencia histórica en la Primera Cámara del Crimen de Mendoza que reivindica los derechos de las mujeres a vivir sin violencia.
Ricardo Muñoz fue condenado a la pena de 18 años de prisión por el homicidio de su esposa Mirta Naranjo.
Mirta había denunciado en varias oportunidades a su marido, sin embargo, no hubo por parte del Estado una intervención eficaz, sino hasta después de su muerte.

La querella solicitó condena teniendo en cuenta la declaración de los hijos de la pareja, quienes señalaron que su madre era maltratada física y verbalmente por su padre desde hacía muchos años y que la noche anterior no presentaba las lesiones por las que debieron internara el 12 de julio de 2012. Asimismo, la empleada doméstica de la familia,  confirmó durante la etapa de declaraciones que Naranjo sufrió distintas formas de violencia de parte de su marido. Además, Muñoz afirmó en su declaración que era consiente de que su mujer estaba medicada –ingería anticoagulantes después de dos operaciones en el corazón– y que, si la golpeaba, podría causarle lesiones irreversibles.

Por último, explicaron que Naranjo presentaba una personalidad depresiva, con temores y sentimientos de culpa, conductas típicas de una mujer víctima de violencia de género, y que las lesiones detectadas en el cuerpo de la mujer no eran compatibles con una caída o una autolesion y sí con maltrato físico.

Cabe recordar que Mirta Naranjo fue encontrada casi desvanecida y muy golpeada en la pieza matrimonial el 12 julio del 2013. Sus hijos la llevaron hasta el Hospital Central en taxi. Ricardo Muñoz se negó a llevarla diciendo que tenía que atender el negocio. Allí estuvo internada dos meses, hasta que finalmente dejó de existir. Se comprobó que su marido la maltrataba física, verbal y psicológicamente hacia varios años y que esa noche era el único que había estado con ella en el lugar donde sufrió la golpiza.

Gatillo Fácil en Mendoza: Justicia por Leonardo Rodriguez

A Leonardo Rodríguez, de 30 años, oriundo del Barrio Parque Sur de Godoy Cruz, efectivos policiales de la Comisaría N° 27 se lo llevaron detenido por “averiguación de antecedentes” la madrugada del viernes 17 de enero. Pese a que llevaba consigo el documento nacional de identidad y contaba con curatela de la madre, otorgada por el Estado, por una mínima deficiencia mental que presentaba.

Esa noche fue alojado de manera inmediata en un calabozo de dicho destacamento, donde minutos después apareció ahorcado. Nunca se comunicó a la familia de su arresto ni de su deceso, quiénes se enteraron al mediodía siguiente a través de una nota televisiva. La ayudante fiscal, con absoluto desconocimiento de la historia del joven y sin tomar declaraciones a su madre y hermanas, les informó que el chico “sufría tendencia al suicidio” y se negó a devolverles el documento del joven. Los forenses también dilataron los tiempos de reconocimiento del cuerpo.

Aún no hay policías ni funcionarios judiciales separados del cargo para la investigación, pese a todas las irregularidades que se cometieron en el procedimiento. La familia de Leonardo se encuentra en permanente contacto con la Campaña Nacional Contra la Violencia Institucional Mendoza en la búsqueda de Justicia. El abogado Lautaro Cruciani (referente provincial de La Campaña), junto a los letrados de Xumek, Lucas Lecour y Francisco Machuca, se constituyeron como querellantes particulares, en el caso, en representación de su madre, Cornelia Marilú Contreras.

Asimismo, la Secretaría de Derechos Humanos mediante el Programa Nacional de Lucha Contra la Impunidad tiene entre sus acciones el caso Rodríguez y realizará su seguimiento a través de sus abogados. También cumplirá el acompañamiento a la familia por medio de familiares de víctimas que luchan contra el gatillo fácil y la violencia institucional, bajo la representación de Miriam Medina, referente nacional de la Campaña Nacional Contra la Violencia Institucional.

En todos nuestros informes anuales hemos advertido el contexto de permanente abuso y hostigamiento policial que sufren los jóvenes de sectores humildes. La madre de Leo, Cornelia Marilú , contó que eran frecuentes las detenciones arbitrarias que sufría su hijo dentro de la misma comisaría: “Tanto, que a veces antes de salir de paseo le decía a sus hermanas ´seguro que hoy me llevan porque ando con cara de chimba”.

En 2014 sufrió la última detención antes del arresto fatal, en aquella ocasión resultó brutalmente golpeado. Por otra parte, y tal vez en relación, su mejor amigo, el músico Mauko Cuello, fue subido por la fuerza a un móvil policial el pasado 12 de noviembre. Permaneció 10 horas desaparecido, sus padres recorrieron hospitales y comisarías hasta que finalmente lo encontraron alojado en Narcocrimonología sin causas aparentes que justifiquen el apreso.

Asimismo, por estos días los vecinos de la zona denuncian disturbios y disparos policiales proveniente de efectivos de la Comisaría N° 27 luego de cada protesta pacífica y silenciosa que realizan los familiares, y amigos de Leonardo. “Estamos asustados, entran al barrio a los tiros durante la noche, provocan a los jóvenes y hostigan a la familia de Leonardo”, señalan.

Amante de Los Redondos y de la música en general, Leonardo había montado una banda junto a sus amigos en la que participaba tocando el cajón peruano. Era común escucharlo tocar la percusión en las esquinas del barrio y en la Plaza Independencia. Su pasión, lo llevaba a caminar extensas distancias de un recital a otro. “Caminaba mucho, una vez se vino caminando desde Córdoba luego de un recital del Indio. No tenía plata para volver, pero tampoco quería pedir. Era introspectivo, bohemio. Se vestía hippie. Tenía alma de niño”, recuerda su mamá.

Juicio por Violencia de Genero en Mendoza

Los días  jueves 5, viernes 6 y lunes 9 de Febrero desde las 9:00 hs. se llevará a cabo en la Primera Cámara del Crimen de Mendoza, el Juicio oral y público contra Ricardo Alberto Muñoz Vicente por el homicidio de su esposa Mirta Beatriz Naranjo, quien tenía 46 años de edad y murió el 20 de setiembre de 2013 después de estar dos meses internada en terapia intensiva del Hospital Central a raíz de la golpiza que le dio su pareja.
Desde Xumek seremos querellantes junto a Fernando Peñaloza, abogado de la Secretaria de Derechos Humanos de la Nación.

Ricardo Alberto Muñoz Vicente se encuentra actualmente en prisión preventiva y es acusado de homicidio preterintecional (art. 81 inc. 1 apartado b) en función de los arts. 82 y 80 inc. 1 último supuesto del Código Penal).

La noche del 11 y madrugada del 12 de julio de 2013 en el domicilio conyugal ubicado en la ciudad de Mendoza, Ricardo propino golpes a su esposa en la zona fronto temporal izquierda, malar derecha y en la parte izquierda del tórax. Producto de los golpes debió ser intervenida quirúrgicamente en el Hospital Central, sin embargo, el daño producido por las lesiones siguió evolucionando, provocando su muerte el 20 de septiembre del mismo año.

Mirta había denunciado en varias oportunidades a su marido, sin embargo, nunca hubo intervención del Estado en protección de la víctima.