No todes bajamos de los barcos

por Ñushpi Quilla Mayhuay Alancay
Responsable del Área de Pueblos Indígenas

El día de ayer escuchamos del presidente argentino una frase no sólo desafortunada sino alarmante.

En primer lugar, su contenido sostiene, una vez más, un discurso negacionista, colonialista, racista y estigmatizante. En segundo lugar, quien lo manifiesta es la persona que actualmente reviste la investidura presidencial y por ende, quien tiene como responsabilidad la conducción de las políticas de Estado y representa -o debería representar- a toda la población argentina.

Frente a ello, es importante resaltar la reacción inmediata de un gran sector de la sociedad que centró su crítica y repudio al contenido del mensaje y lo que implicaba el uso de esta frase y no -simplemente- focalizar en el error de cita en el que había incursionado el presidente, como lo hicieron varios medios de comunicación hegemónicos.

Resulta imprescindible visibilizar esta reacción colectiva porque denota un gran avance en la deconstrucción y construcción social sobre la conformación de nuestra verdadera identidad americana (y por consiguiente, de la identidad argentina), y la fortificación de ese inconsciente colectivo que por muchos años intentaron invisibilizar, acallar o enmascarar. 

Sin duda, lo sucedido ayer nos debe poner en alerta ya que estos discursos negacionistas, europeístas y racistas, denotan -una vez más- una lógica estructural. 

En este caso fue Alberto Fernández, pero ya hemos escuchado este tipo de posicionamientos en las palabras de otros representantes políticos, como fuera el discurso del ex presidente Raúl Alfonsín en la visita de los reyes de España afirmando que nos encontrábamos con nuestras verdaderas raíces, o recientemente, el ex presidente Mauricio Macri en el Foro Económico Mundial de Davos y en el VIII Congreso de la Lengua Española, sosteniendo que en Sudamérica somos todos descendientes de europeos y la importancia de poder hablar y comunicarnos en español (respectivamente). No casualmente, estas manifestaciones se producen en el marco de encuentros diplomáticos con representantes de España.

Es estructural y sistemático ya que desde el uso estratégico de diferentes herramientas políticas, en particular desde el ámbito educativo, se ha pretendido calar en lo más profundo de nuestra identidad e instalar un ideario de “progreso y desarrollo” asociado a la llegada europea, blanca y civilizada. 

Y esto se observa en el relato histórico, político y cultural que quiso instalarse desde aquel 12 de octubre de 1492 en adelante: en la historia independentista de la República Argentina, invisibilizando la participación activa en las gestas libertadoras de hombres y mujeres indígenas y afrodescendientes; en el proceso histórico vivido entre democracias y golpes de Estado, bajo lemas como “civilización o barbarie”, “orden y progreso”, la ejecución de las “Campañas del desierto”, los festejos del día de la raza, entre otros; y en tiempos más contemporáneos, cuando aún se sostiene con vehemencia que Argentina y los países de Latinoamérica son “subdesarrollados” o se encuentran “en vías de desarrollo”. Por dar sólo un ejemplo.

Argentina es indígena y es plurinacional. Argentina es marrón y es negra, porque en este discurso negacionista también se “olvida” de esa otra parte de nuestra historia y conformación identitaria construida por los hermanos y hermanas afrodescendientes. E incluso, con este discurso estigmatizante se desvalorizan las otras corrientes migratorias que tanto han aportado – y siguen aportando- en la riqueza histórica, política, social, económica y cultural del actual Estado argentino.

Ha sido el propio Estado argentino quien desde 1994, reconoce en su carta magna la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas y junto a ello, el reconocimiento a sus legítimos derechos dispuestos en instrumentos jurídicos y jurisprudenciales del ámbito internacional, nacional y provincial.

Asimismo, reconoce a la fecha la existencia de más de 40 pueblos/naciones indígenas, de los cuales muchos de ellos aún mantienen vivas sus lenguas ancestrales. Y conforme los últimos datos censales del año 2010, alrededor de un (1) millón de personas se identifican indígenas o descendientes de indígenas; por lo que, podría decirse que en Argentina 1 de cada 40 personas se reconoce indígena. Datos estadísticos que, sin lugar a dudas, verán una importante variación cuando sean actualizados el año que viene.

Y aún cuando los pueblos indígenas son sometidos a procesos de invisibilización y ocultamiento, de desigualdades sociales, de empobrecimiento, de tratos discriminatorios y racistas, de persecución y asesinatos, siguen siendo ejemplos de lucha y resistencia a lo largo y ancho de toda nuestra América. 

Su cosmovisión y filosofía de vida se han transformado en bandera de lucha de diferentes y diversos movimientos sociales, para poner freno al avance indiscriminado del sistema capitalista y repensar nuestra actual forma de vida.

Es claro que para romper definitivamente con estos dogmas eurocentristas, negacionistas, capitalistas, necesitamos seguir trabajando firmemente como sociedad y repensar los procesos de memoria, verdad y justicia y de reparación histórica con nuestros pueblos indígenas. Así como la fortificación de nuestra verdadera identidad americana.

Y de dicha labor no queda exenta la dirigencia política, ya que es a la fecha que se sigue viendo la falta de creación de políticas públicas acorde a la realidad que viven las comunidades y personas indígenas en nuestro país. Que se reconozca la participación activa de los pueblos indígenas en las tomas de decisión: los derechos que le son reconocidos, siguen siendo sólo letra y no se efectivizan fehacientemente. Aún falta una clara política de Estado que realmente los y nos reconozca como sujetos de derecho y políticos.

Por ello, nos sumamos a las numerosos denuncias y pronunciamientos por los dichos recientes del Presidente argentino y solicitamos que las disculpas se encuentren a la altura de las circunstancias. Acompañamos el reclamo con la fuerza y convicción que los pueblos indígenas nos han demostrado, luchando y resistiendo a los diferentes embates históricos, queriéndolos invisibilizar, abatir, estigmatizar y hasta desaparecer.



Aportes de la sociología latinoamericana para pensar las identidades indígenas

Por: Nazareno Bravo
INCIHUSA-CONICET

Entre lxs autores que desde la sociología latinoamericana han abordado la cuestión de las identidades de los pueblos originarios, Aníbal Quijano (Perú, 1930-2018) es uno de los que realizó una serie de aportes fundamentales y originales que permiten reflexionar y actuar sobre esta problemática. Lo que sigue, es un resumen comentado de algunas de las ideas de Quijano, las cuales merecen indudablemente ser leídas en sus propios textos. 

La Conquista de América es el punto de partida de un proceso de colonización eurocéntrica que se extiende hasta nuestros días, atravesando distintas etapas pero aún vigente en muchos sentidos, más allá -inclusive- de las declaraciones de independencia logradas durante el siglo XIX. Quijano propone el concepto de colonialidad del poder para caracterizar un patrón de dominación global propio del sistema-mundo moderno que se origina con la Conquista.

Se trata de la estructuración de una manera distorsionante de producir sentido, de ver la realidad, interpretarla y actuar que, como veremos, cumple un rol fundamental en el desarrollo de la explotación capitalista.

La cuestión de las identidades es principal en ese proceso y se basó en la invención del concepto raza que sirvió para marcar diferencias entre “blancxs” y “no-blancxs” (donde quedan ubicadxs, claro está, indixs y negrxs). Esas categorías étnicas que no existían hasta ese momento, impusieron –a través de un genocidio- una serie de perspectivas que moldearon nuestra mirada:

La apelación al binarismo (“blancxs” – “no blancxs”) para significar realidades complejas y dinámicas, está en sintonía con la creación de otros pares dicotómicos a los que se apela para definir las identidades sociales, colectivas e individuales. “Civilizado”-“primitivo”, “progreso”-“atraso” por ejemplo, resultaron fórmulas para nombrar situaciones y procesos desde el punto de vista de lxs “blancxs”. Porque esa construcción de categorías binarias incluyó una jerarquización, en la que una de las partes de ese par se asume superior, preferible, correcta, deseable.  

Así, las prácticas, costumbres y vivencias de lxs “no-blancxs”, pueden ser rápidamente calificadas como menos importantes, menos inteligentes, menos civilizadas que las de lxs “blancxs”. El punto de vista de los sectores dominantes de Europa se convirtió así en sentido común para pensarse, valorarse, sentir y actuar.

Esa jerarquización, dijimos, tiene efectos fundamentales para garantizar el desarrollo del sistema capitalista: el trabajo que realizan las “razas inferiores”  no merece salario o no es valioso o siempre puede ser mal pagado. El capitalismo, en tanto sistema de explotación, encontró en las colonias una fuente inagotable de recursos y mano de obra semi esclava que explican su desarrollo voraz. Voracidad que quiere ser justificada en la idea de una “raza” superior que representa la “civilización” y otras “inferiores” o “atrasadas” que deben pagar el precio de su condición. Raza, asegura Quijano, “es el instrumento de dominación social más eficaz en 500 años”. 

En el marco del Día del Indio Americano, como apuesta por salvaguardar las culturas indígenas y visibilizar situaciones de opresión que debemos resolver como sociedad, el pensamiento de Quijano aporta elementos para cuestionar un sentido común que replica miradas estigmatizantes e impone jerarquías entre las personas. Reflexionar y actuar para derribar esas construcciones, será siempre una tarea urgente si pretendemos vivir en sociedades que reconozcan y se enriquezcan con la diversidad. 

NOS ESTÁN QUEMANDO

Por Ñushpi Quilla Mayhuay Alancay.

Y una vez más, miles y miles de hectáreas en llamas. Una vez más miles y miles de vidas se pierden: mueren nuestros bosques, nuestras plantas y flores; mueren nuestros lagos y montañas, mueren los animales; se destruyen vidas de familias. Y con ello, también morimos nosotres.

Debemos comprender que esto no le pasa sólo a la comarca andina, a las comunidades indígenas o solamente a las provincias de Chubut y Río Negro. Nos están quemando a todes.

Y una vez más resulta difícil no preguntarse si es una simple coincidencia que justamente cuando la gente se organiza y se une al grito del ChubutAGUAzo, suceda esta tragedia. Es difícil creer en casualidades cuando el propio ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, expone que casi en forma simultánea se generaron siete (7) focos de incendio, con claros signos de intencionalidad. Al menos para esta joven defensora de derechos humanos que escribe, resulta una alarma.

Es que el escenario se repite una y otra vez, y seguimos sin obtener respuestas claras de la justicia sobre les posibles responsables. Así como tampoco se mejoran los protocolos de control y prevención ni de actuación concreta y expedita frente a focos de incendios. Sin duda, el Estado en cualquiera de sus instancias (nacional, provincial y municipal) y de sus poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), sigue llegando tarde.

Y una vez más es la propia gente la que se ayuda, la que se cuida, la que pone el cuerpo y hasta su vida en riesgo por cuidar su hogar, que es nuestro hogar. Es la propia gente la que se libera de las diferencias, de los estatus sociales, de las malditas grietas y se une en un solo sentimiento y grito de desesperación. La organización como bandera de lucha, la organización como forma de resistencia y operatividad ante el horror. Y la madre naturaleza que no abandona y envía lluvias para aliviar un poco tanto dolor y resistir semejante embate.

Es tiempo de volver a nuestras raíces, de replantear nuestra filosofía de vida. De dejar de lado los discursos del odio y la indiferencia, despojarnos de paradigmas colmados de estigmatización e individualización. Porque ya no es una preocupación por lo que le dejemos a las generaciones futuras sino por nuestro presente. Y es una responsabilidad colectiva, es compartida. Es responsabilidad de cada une exigir políticas públicas y respuestas de la justicia a la altura de las circunstancias. Porque el poder soberano se encuentra en nuestras manos y nos tenemos que hacer cargo de las responsabilidades que ello implica.