Migrantes de Haití en Argentina: el derecho a la identidad cultural

El Área de Movilidad Humana de Xumek lleva adelante un ciclo de entrevistas a miembros de distintas colectividades en Argentina para visibilizar el fenómeno migratorio como global, intercultural y fuertemente asentado en nuestro país. En esta ocasión: el colectivo haitiano.

La noción de cultura incluye un montón de conocimientos, símbolos, hábitos y costumbres de diversa índole que constituyen la base de la identidad de cualquier conjunto de personas. Hoy, guiados por sus protagonistas, te invitamos a hacer un recorrido por algunas de las colectividades que habitan nuestro país, para conocer la inmensa diversidad cultural que ha caracterizado históricamente a la comunidad argentina. 

En esta oportunidad entrevistamos a Jackson Jean y a Jasmine Daphinis, ambos representantes de la colectividad haitiana en nuestro país. En la actualidad viven en Argentina unas 15 mil  personas de nacionalidad haitiana, principalmente asentadas en Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Misiones, Mendoza y Chaco. Es una comunidad mayoritariamente joven, de entre 18 y 30 años, y el 75% del grupo afirma que migró por razones humanitarias e intelectuales. Jackson vive en Buenos Aires, desde donde milita por los derechos de la comunidad haitiana, mientras que Jasmine lo hace desde Mendoza. Te invitamos a conocer sus voces. 

Llegar a un país nuevo implica todo un desafío, ¿cómo recibe Argentina a la colectividad haitiana? Para Jasmine Daphinis “no hay un recibimiento porque no se habla ni se conoce en qué continente está Haití, si en América o África. Lo poco que se sabe es sobre la pobreza o el terremoto, pero hay muy poca información”. Jasmine opina que puede estar relacionado por la barrera idiomática. Haití es uno de los pocos países de Latinoamérica que no habla español ni portugués; allí se habla el creol y también francés.

Jackson Jean considera que existe un acercamiento por parte de las autoridades estatales “pero no en todos los sentidos, sino sólo en lo que es obligatorio”. El ejemplo que ofrece es el esfuerzo de las autoridades de Migraciones, del Ministerio Público de la Defensa y, específicamente, de la dirección de asistencia técnica en la interpretación y traducción del idioma. En lo que respecta a acciones “no obligatorias”, Jackson dice: “no veo verdadero esfuerzo por ejemplo con la gastronomía y la forma de vida. En Buenos Aires hay varias actividades donde se celebran otras culturas como de Brasil, Rusia, etc., pero no de Haití”. 

¿Encuentran comidas, costumbres o lugares que les hagan acordar a Haití? “Al llegar a Argentina encontré algunas cosas parecidas a Haití. Si bien Mendoza es una provincia que no es tan abierta a lo desconocido o al extranjero, una vez que te instalás y construís tu red de amigos ya sos parte y te consideran familia. Esta forma de ser tan ‘familieros’, de querer defenderse y acompañarse es algo que me hace acordar mucho a mi país”, responde Jasmine. Pero por el lado de la comida dice que “no existe mucha similitud, acá se come pasta, asado, pan y allá más plátano y arroz”. 

Jackson no encontró nada parecido a su cultura cuando llegó a Argentina, ni en la forma de vida, ni en la cultura, pero el factor tiempo vuelve a incidir: “Después de dos años aproximadamente, fui a Santiago Del Estero y me sentí cerca de la zona de San Félix porque la mayoría son afrodescendientes. La verdad es que un haitiano se siente cómodo cuando está cerca de afro argentinos o afrodescendientes, no todos, pero sí sobre todo aquellos que son afro migrantes o que tienen padres migrantes, ya que entienden mejor nuestra realidad, sufrimiento, dolor y el contexto que vivimos”.

¿Qué dificultades tienen que enfrentar y cómo se pueden solucionar? Para Jasmine, “la dificultad más grande que atraviesa la comunidad haitiana en Mendoza tiene que ver con una falta de oportunidades debido a cierto miedo y rechazo a los extranjeros”. Además, agrega: “En nuestro caso, también hay una cierta dosis de discriminación y racismo, ya que venimos de un país no solamente negro sino también con fama de pobreza. También tenemos dificultad para conseguir un trabajo o el DNI, ya que las reglas no son claras y no son iguales para todos. A las mujeres en particular que se hacen cargo de los hijos, les resulta más difícil sobrellevarlo en una sociedad en la que no son parte y no conocen bien la cultura y los códigos”. 

“Creo que podría solucionarse viendo a la comunidad migrante no como un problema sino como un grupo de personas que se atrevieron a salir de su zona de confort y que están buscando oportunidades y un trabajo permanente; además, de algún modo, aportan en la cultura y en lo político y económico. La forma sería creando oportunidades de trabajo, haciendo accesibles los beneficios sociales y dando a conocer la ley de migraciones la cual estipula todos los derechos y obligaciones que tenemos como migrantes”, concluye Jasmine.

En sentido similar, Jackson considera que la dificultad más grande que enfrenta la comunidad haitiana es el acceso al DNI. “El DNI se considera la llave para abrir la puerta a muchos derechos y muchos de nosotros contamos con una residencia precaria”. Jackson describe los criterios por lo que una persona proveniente de Haití puede iniciar su trámite: “Hay tres criterios: casarse con una mujer u hombre argentino. Somos una comunidad muy joven entre 18 y 30 años, la mayoría estamos acá para estudiar y este criterio resulta un poco inadecuado. El segundo, es trabajar formalmente y esto no depende de nosotros, no podemos encontrar trabajo formal y la mayoría de los empleadores no eligen esta opción. El tercer criterio es estudiar, pero el trabajo automáticamente complica esa parte. Muchos de los chicos que estudian, si, además, encuentran un trabajo suele ser de 12 horas, y eso imposibilita que sigan estudiando. Muchos de ellos eligen carreras cortas como tecnicaturas”. 

“Lo que ocurre con los institutos es que a veces no tienen convenio con Migración, entonces no pueden acceder al DNI. Tuvimos un decreto en 2016 que nos permitía sacar el documento bajo razón humanitaria pero con el DNU 70/2017 esto caducó y desde ese año muchos están sin DNI. La solución no depende de la sociedad. La solución es política, solamente podría darse derogando el decreto 70/2017 que puso un nuevo criterio para nuestra comunidad”, agrega Jackson. 

Como representantes de la comunidad haitiana, ¿cómo es el acompañamiento migratorio? Jasmine participa desde Mendoza con la Clínica Migrante y la Fundación Ecuménica de Cuyo. “Contamos con muy pocos recursos y el choque cultural a veces hace que la comunicación sea más difícil y, por el momento, de parte del Estado no tenemos respuestas. Acceder al DNI se hace cada día más difícil entonces la mayoría de nosotras tenemos trabajos informales, que con la pandemia es difícil sobrevivir día a día”, cuenta Jasmine. 

Jackson, desde Buenos Aires, recibe dudas y consultas sobre temas vinculados a migraciones. “Trabajamos con organizaciones civiles y yo represento la comisión de haitianos en la Agenda Migrante 2020. Esta agenda trabaja a la vez con la sociedad civil y con las autoridades, con  el fin de fomentar o hacer propuestas sobre algunos criterios de nuestra necesidad como comunidad, como migrantes. También trabajamos con la comisión ‘8 de Noviembre’ que es organizadora del día afro, que tiene casi la misma filosofía, con el fin de hacer propuestas para la inclusión social de estas comunidades en Argentina. No trabajamos con organizaciones gubernamentales”, comenta Jackson.

¿Qué falla en el proceso de inclusión en la sociedad argentina? Jackson: “La comunidad haitiana tiene casi todos los criterios de vulnerabilidad: somos afro-descendientes y sabemos cómo es la situación de los afro. Somos una comunidad migrante y sabemos la situación de los migrantes. Y somos una comunidad no hispano-hablante; aunque hables español, aunque tengas un diploma, al tener un acento diferente ya es suficiente para que no te acepten en un trabajo. La discriminación lingüística existe fuertemente en Argentina. Sabemos cómo se nos define en el imaginario social argentino: todos pobres, personas que huyeron de sus países por hambre. Un montón de estereotipos de discriminación e ideas pre conceptuadas. Todo esto está vinculado con el racismo, la xenofobia”. Jackson concluye de la siguiente manera: “Necesitamos siempre el apoyo de las organizaciones civiles que creen en la defensa de los derechos humanos, de las comunidades migrantes y de la comunidad afro-descendiente para poder fortalecernos y obtener un espacio en la sociedad argentina”.

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“Me encantaría que la sociedad pudiese entender que vivimos en un mundo donde el ser humano tiene derechos básicos y como migrantes tenemos derechos, como el de acceder a servicios públicos. También me encantaría que los medios de comunicación nos dejen de presentar como un problema, como delincuentes, para que podamos vivir tranquilos”.
Jasmine Daphinis: tengo 32 años, soy madre y hace 5 años que estoy viviendo en Argentina.

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“Como migrante, una de las cosas que siempre voy a agradecer a Argentina es que nos permiten acceder al conocimiento intelectual, podemos formarnos. Aunque el sistema cada día pone barreras para impedirlo, los haitianos estamos acostumbrados a esas dificultades. Además aprendemos muchas sobre la diversidad. Y otro aporte es nuestra iniciación en la lucha, en Argentina hay un movimiento social y cultural de lucha muy interesante. Argentina es para mí un ejemplo en este sentido”.
Jackson Jean: soy estudiante avanzado en política en la Universidad Nacional de San Martín. Tengo 24 años y nací en Haití en la ciudad de los Cayos, actualmente vivo en Buenos Aires. Mi plan para el futuro, primero, es recibirme en Argentina, establecerme como residente permanente y lo demás no depende específicamente de mí y de mi familia. Vivo con mi esposa Snyre Charles Jean.