No es amor, ni ayuda: es trabajo

Desde las áreas de Movilidad Humana y Género y Diversidad Sexual visibilizamos el día Internacional del Trabajo Doméstico. ¿Las labores del hogar recaen sólo en las mujeres? ¿Qué sucede con las personas migrantes y refugiadas? ¿Qué es la triple jornada laboral?

En el Segundo Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe de 1983, se declaró el 22 de julio como el Día Internacional del Trabajo Doméstico, con el objetivo de reconocer el trabajo no remunerado que recae sobre todo en las espaldas de las mujeres en sus hogares, basado en patrones socioculturales históricos, que estigmatizan y profundizan la desigualdad entre varones y mujeres.

Para comer hay que previamente hacer las compras, luego hay que cocinar, poner la mesa, servir y después limpiar y lavar. Para tener la casa limpia hay que barrer, sacudir muebles,  trapear el piso, limpiar y desinfectar el baño, ordenar la habitaciones de lxs integrantes de la casa, y si hay animales domésticos en la casa hay que limpiar sus necesidades. Todo esto se repite en la diaria y además se incluye cuidar a lxs infantes y adultxs mayores, lavar la ropa y un extenso e infinito etcétera.

Por lo tanto, cada 22 de julio se busca el reconocimiento de estas tareas que son necesarias, ya que han permitido durante años que lxs integrantes del hogar puedan realizar sus tareas fuera de casa. No obstante a ello, se trata de cambiar el enfoque y no sólo dar reconocimiento y un salario a aquellas mujeres que realizan el trabajo doméstico, sino que también estas actividades sean repartidas equitativamente entre lxs integrantes de la familia, desnaturalizandolas como cosa “de mujeres”.

Según la última encuesta sobre el Uso del Tiempo que realizó el INDEC en el año 2013 las mujeres dedican más de 6 horas diarias a lavar, hacer las compras, cuidar a niños, niñas y adolescentes y adultxs mayores. Los varones por su parte dedican la mitad del tiempo con su famosa frase “te ayudo en casa”.

Si bien la incorporación masiva de las mujeres a los mercados laborales fue en el siglo pasado, esto no las liberó de los quehaceres domésticos y por ende concluyó en una triple jornada laboral. Es decir, las actividades que realizan fuera de sus casas, que generalmente son remuneradas, y por otro lado, las tareas que realizan dentro de sus hogares que no son remuneradas, sumado al cuidado de lxs integrantes del hogar.

Trabajadoras de casas particulares en contexto de Movilidad Humana

El trabajo doméstico es un aporte a la reproducción social y económica de una sociedad, sin embargo siete de cada diez trabajadoras, de casas particulares, no se encuentran registradas. La fragilidad cala en aquellas que desarrollan labores en relación al cuidado del hogar. Aún persiste, aquella matriz de pensamiento retrógrado y desigual, donde el quehacer de las actividades domésticas y mantenimiento de vínculos afectivos, cae con todo su peso sobre las mujeres.

Según los datos de la encuesta nacional a trabajadores sobre Condiciones de Empleo, Trabajo, Salud y Seguridad -ECETSS- el personal de casas particulares representa 5,6%  de empleo, de ello se desprende que el 17,4% son mujeres ocupadas y 22% mujeres son asalariadas. Esto nos revela la feminización de ésta labor, atravesada por la informalidad y la desprotección.

Aquellas mujeres que se desplazan -migrantes, refugiadas y solicitantes de asilo- en muchas ocasiones, están expuestas a diversos riesgos y vulneraciones, sin duda lo laboral no es una excepción de ello.

En el contexto argentino, si bien las ocupaciones de las migrantes son heterogéneas, muchas de ellas son de tipo informal y encarnan múltiples desventajas. El trabajo en casas particulares es uno de los principales rubros donde se incorporan las migrantes internacionales, dedicadas al cuidado no terapéutico de niños y ancianos, el aseo y atención de los hogares. Allí se ocupan cuatro de cada diez migrantes provenientes de Sudamérica” expresaron Rosas, Jaramillo y Vergara investigadoras del CONICET.

Desde las áreas de Movilidad Humana y Género y Diversidad Sexual de Xumek consideramos esencial construir espacios políticos y sociales que permitan registrar y referenciar, no sólo los reclamos en torno a esta labor, sino también comenzar a conceptualizar la movilidad humana y el trabajo doméstico.

Asimismo, abogamos por políticas públicas que tengan verdadera incidencia en la práctica social para que esta actividad deje de estar dentro de las ocupaciones con mayores niveles de precariedad y desprotección laboral. Por ello analizar y dialogar, sobre la migración, género, trabajo y sociedad civil, puede resultar ser útil para dar a conocer, entre organizaciones civiles y sociales, la ley de casas particulares 26.844 existente, obligaciones de lxs empleadores y los derechos de las mujeres en contexto de movilidad humana.