Potencial Acuerdo Argentina-China para la producción de carne porcina: más riesgos que beneficios

Mucho se ha hablado en los últimos días del posible acuerdo comercial entre China y Argentina, que daría la posibilidad al país de recibir una importante inversión extranjera. En contrapartida Argentina debe aprovisionar a China una inmensa producción porcina que cubriría el 10 % de su consumo local, mientras que esa cantidad significa para Argentina, multiplicar por 100 su producción anual.

 Frente a esta polémica, nos encontramos con dos posturas muy ancladas.

Por un lado, la postura oficial, basada en argumentos meramente comerciales, de tipo capitalista, desarrollista, que ve en este negocio la oportunidad de atraer inversión extranjera, una exportación a gran escala asegurada y que asocia esas variables como sinónimo de desarrollo.

Del otro lado, distintos sectores de la sociedad civil que se oponen.

Y en el medio de esta discusión, el grueso de la población, que quisiera saber cuáles son los riesgos concretos a los que nos exponemos si aceptáramos convertirnos en esta gran industria porcina a escala colosal.

En este marco, desde el área ambiental de Xumek, daremos nuestro punto de vista sobre la problemática que nos ocupa.

 En el mundo entero, desde el mes de marzo, con medio mundo paralizado y confinado a causa de la pandemia, proliferaron muchísimos artículos, salas de discusiones, conferencias desde distintos sectores académicos. Todos ellos intercambiando información y puntos de vista sobre las causas que están al origen de ese tipo de pandemias.  De manera generalizada, desde los más diversos sectores, se llega a la conclusión de que estamos viviendo las consecuencias a las que nos expone el modelo productivista actual. De la misma manera, frente a la pregunta que se plantea la humanidad, sobre qué mundo queremos para el día después, numerosos proyectos de la sociedad civil, brindan propuestas de Pactos ecológicos- sociales, que hablan de una transición social- ecológica- energética- agrícola, un cambio de paradigma que se impone frente al fracaso del modelo actual que solo nos ha llevado a esta sexta extinción masiva.

 Haciendo un poco de historia. Para entender de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Este modelo económico de crecimiento infinito, ha reinado en el mundo desde los años 1950 y está estrechamente vinculado con el discurso del desarrollo, un discurso político y paradigma de bienestar de la modernidad.

Durante la postguerra, el imperativo era, entre otros, la producción masiva de alimentos que, valiéndose de todos los adelantos logrados durante la guerra, permitirían una producción a grandísima escala, lo que hasta ese entonces era inimaginable.

Así se pasó de un modelo agrícola familiar, diversificado y a escala humana, a un modelo de grandes extensiones de monocultivos, que para producir debía de “modernizarse” mediante el uso de tecnología. Los caballos fueron reemplazados por tractores (la adaptación agrícola de los tanques de guerra) y el trabajo humano por máquinas cosechadoras. Los problemas ocasionados por el monocultivo daría origen a la necesidad de recurrir a productos químicos derivados de la industria farmacéutica. Vale la anécdota recordar, que el famoso mata yuyos Round-up, producto estrella de la polémica multinacional Monsanto, cuenta en su composición con químicos también presentes en el gas “agente naranja” usado por Estados Unidos en la guerra de Vietnam. Los desastres ecológicos y humanos generados por esta práctica, dieron origen al concepto de ecocidio y a los primeros tribunales de opinión, creados para juzgar los crímenes de guerra.

La industria farmacéutica y petroquímica creará toda una gama de productos para que el rendimiento sea óptimo: semillas genéticamente modificadas, pesticidas, fertilizantes.

Esta modificación genética dará lugar a patentes de invención, las semillas al ser estériles no pueden volver a generar otro ciclo de cultivo para el año próximo, generando una “necesidad de consumo” muy útil para el crecimiento económico pero que pone en riesgo la seguridad alimentaria de una parte de la población.

En busca del mayor rendimiento, se justifica el uso de pesticidas para combatir la presencia de agentes considerados dañinos para un determinado cultivo, pero estos pesticidas llevan al empobrecimiento del suelo, lo cual nos llevará a necesitar un fertilizante.

Las grandes extensiones generan a su vez una dependencia de la tecnología, de maquinaria agrícola. Económicamente se presenta como un ciclo de consumo y de escala sin fin hacia un crecimiento que podría calificarse de virtuoso…

Pero desde el punto de vista ecológico, esta agricultura intensiva tendrá otros efectos. Para empezar, necesita grandes extensiones de tierra para monocultivo. Para obtenerlas, se recurre al desmonte y a la deforestación, generando la destrucción de ecosistemas.  Los pesticidas matarán a su paso cantidad de agentes que son necesarios para la vida del suelo, empobreciendo las tierras y brindándolas estériles. Esas tierras se compactan, pierden no solo sus nutrientes, sino también la capacidad de absorción de agua, lo cual puede favorecer inundaciones, al igual que la erosión de terrenos. Lleva a la desertificación. (hemos visto el año pasado vacas nadando en el litoral!)

Es evidente que para la tierra y el ecosistema, estamos lejos del círculo virtuoso que nos vende el modelo económico hegemónico. Se trata más bien de una espiral de descenso acelerado hacia la extinción. Estamos en la era en la que el ser humano tiene la capacidad de destruir el planeta (antropoceno).

Hoy está en el tapete de las discusiones, el modelo agro-ganadero a gran escala y su posible relación con las pandemias.

Existe esa relación ? Sí. En la nota que salió publicada en la revista de Xumek sobre el Covid 19 y los derechos humanos, hice referencia a la relación existente entre este modelo de producción y la relación directa existente con esta u otras posibles pandemias.

 El coronavirus es una zoonosis, es decir un virus de origen animal transmitido a los humanos. Y esta posibilidad de transmisión existe gracias al gran desequilibrio ecológico que los humanos y nuestras prácticas hemos generado. El comercio de fauna salvaje,  el consumo de animales provenientes del tráfico de especies exóticas.

En estado natural existen barreras entre los animales salvajes y los humanos. Esas barreras están dadas por la demarcación de los hábitats de los unos y los otros. Cuando arrasamos con los bosques, arrasamos también con ecosistemas enteros, generando extinción de especies, necesidad de migración para supervivencia, o forzando a una mayor cantidad de individuos a vivir en espacios mucho más reducidos.  Así por ejemplo una de las teorías con relación al origen del Covid19 es el hecho de que, a causa de la destrucción de un bosque, numerosas especies de murciélagos se vieron en la necesidad de vivir hacinados en un mismo árbol, generando la mutación de alguno de sus tantos virus, en este nuevo corona-virus.

 En la discusión que hoy nos ocupa, se da esta misma realidad de « hacinamiento » en las condiciones de vida impuestas a los animales criados en feed-locks, o industrias de criadero intensivo, ya sea de aves, de cerdos, o poco importa la especie de la que se trate.   Es ese hacinamiento que provoca la mutación de virus y que genera pandemias, tanto dentro de la misma especie, como el posible salto de la zoonosis al humano.

Frente a la problemática de epidemia porcina en Asia y el hecho de que China decide deshacerse de un problema que hace dos años no logra controlar, es importante dejar en claro dos cosas :  Primero, que al momento de poner en la balanza los costos y beneficios que esta propuesta lleva consigo, no hay que olvidar las externalidades que esta industria trae aparejadas. Y segundo : que el problema de la epidemia porcina de China no está en que los chanchos son chinos, y que por lo tanto, nuestros cerdos están a salvo de pandemias por ser criados en Argentina ! El problema está en el modelo productivo utilizado. Y si se repite el modelo, se repetirán las consecuencias.

Es cierto que Argentina está en medio de una crisis económica (como casi todos los países del mundo en este momento) y que necesita inversión extranjera para incentivar el desarrollo.

Pero, nos preguntamos: ¿qué tipo de inversión ? Y ¿qué tipo de desarrollo ?

Vivimos en un país que reconoce constitucionalmente el derecho a un medioambiente sano, que históricamente ratifica tratados internacionales de lucha contra el cambio climático, de lucha contra la desertificación, que se compromete a hacer lo mejor a su alcance para implementar los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), entre los cuales está la alimentación de calidad, el paso hacia la agroecología, la preservación de los ecosistemas. Un país donde existe una ley de bosques, y estamos en el décimo rango, a nivel mundial, en deforestación.

Mientras en Europa se prohiben los OGMs y se ponen trabas al ingreso de sus derivados, Argentina sigue intensificando su agricultura a base de deforestación, agrotóxicos y OGMs.  Obviamente no tendremos ese problema de mercado con China, que a diferencia de Europa o Argentina, es el gran ausente en las negociaciones climáticas.

En Argentina, falta coherencia entre los compromisos asumidos, los discursos, y las políticas que se ponen en marcha, no ya para lograrlos, sino que van en el sentido opuesto de lo que se pregona.

Desde el área ambiental de Xumek, no podemos estar de acuerdo con un modelo destructivo, peligroso, que ha demostrado con creces los daños que ocasiona. Frente a emprendimientos de esta índole, sugerimos que se tenga en cuenta el Principio de Prevención. Y si consideran que la relación de causalidad con esos peligros no está suficientemente demostrada, se recurra al Principio de Precaución. En todo caso, consideramos que esta es una práctica a evitar y no a incentivar.  Estamos inmersos en un modelo agrícola obsoleto, que ha demostrado ampliamente las consecuencias nefastas que acarrea para el medioambiente, la Naturaleza y la salud humana y animal en los diferentes territorios afectados.

Urge un cambio de paradigma, que abandone el mito del desarrollo sostenible, para ceder el paso à un desarrollo regenerativo, restaurador. Un modelo que contemple nuevas formas de generar bienestar, más democráticas e inclusivas, respetuosas con la Naturaleza, los territorios y sus poblaciones.


[1]Existe una coincidencia entre los componentes del Round-up, y el gas naranja utilizado por Estados Unidos en la guerra de Vietnam, y que dió origen a la noción de crimen de ecocidio.

Por Verónica Gómez Tomas, integrante del Área de Ambiente de Xumek.