NOS ESTÁN QUEMANDO

Por Ñushpi Quilla Mayhuay Alancay.

Y una vez más, miles y miles de hectáreas en llamas. Una vez más miles y miles de vidas se pierden: mueren nuestros bosques, nuestras plantas y flores; mueren nuestros lagos y montañas, mueren los animales; se destruyen vidas de familias. Y con ello, también morimos nosotres.

Debemos comprender que esto no le pasa sólo a la comarca andina, a las comunidades indígenas o solamente a las provincias de Chubut y Río Negro. Nos están quemando a todes.

Y una vez más resulta difícil no preguntarse si es una simple coincidencia que justamente cuando la gente se organiza y se une al grito del ChubutAGUAzo, suceda esta tragedia. Es difícil creer en casualidades cuando el propio ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, expone que casi en forma simultánea se generaron siete (7) focos de incendio, con claros signos de intencionalidad. Al menos para esta joven defensora de derechos humanos que escribe, resulta una alarma.

Es que el escenario se repite una y otra vez, y seguimos sin obtener respuestas claras de la justicia sobre les posibles responsables. Así como tampoco se mejoran los protocolos de control y prevención ni de actuación concreta y expedita frente a focos de incendios. Sin duda, el Estado en cualquiera de sus instancias (nacional, provincial y municipal) y de sus poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), sigue llegando tarde.

Y una vez más es la propia gente la que se ayuda, la que se cuida, la que pone el cuerpo y hasta su vida en riesgo por cuidar su hogar, que es nuestro hogar. Es la propia gente la que se libera de las diferencias, de los estatus sociales, de las malditas grietas y se une en un solo sentimiento y grito de desesperación. La organización como bandera de lucha, la organización como forma de resistencia y operatividad ante el horror. Y la madre naturaleza que no abandona y envía lluvias para aliviar un poco tanto dolor y resistir semejante embate.

Es tiempo de volver a nuestras raíces, de replantear nuestra filosofía de vida. De dejar de lado los discursos del odio y la indiferencia, despojarnos de paradigmas colmados de estigmatización e individualización. Porque ya no es una preocupación por lo que le dejemos a las generaciones futuras sino por nuestro presente. Y es una responsabilidad colectiva, es compartida. Es responsabilidad de cada une exigir políticas públicas y respuestas de la justicia a la altura de las circunstancias. Porque el poder soberano se encuentra en nuestras manos y nos tenemos que hacer cargo de las responsabilidades que ello implica.